Alejandro Schujman: ¿Quién tiene el mando de nuestras emociones?
Alejandro Schujman: ¿Quién tiene el mando de nuestras emociones?
El psicólogo Alejandro Schujman invita a reflexionar sobre cómo identificamos, procesamos y gestionamos nuestras emociones. A través de ejemplos cotidianos y conceptos clave como el estrés, la empatía y la inteligencia emocional, propone herramientas concretas para mejorar nuestro bienestar y conectar con nosotros mismos y los demás.
“No hay emociones buenas ni malas. Lo bueno o lo malo es lo que hacemos con ellas”, sostiene Alejandro Schujman, licenciado en Psicología, escritor y conferencista especialista en vínculos. Con un enfoque empático y cercano, nos invita a mirar hacia adentro, a prestar atención a lo que sentimos… incluso cuando no podemos identificar muy bien qué es.

Para explicar las emociones, recurre a una referencia conocida: la película Intensamente. En ese centro de mando conviven alegría, tristeza, miedo, ira y desagrado. Nuestro deseo: que sea la alegría la que gobierne. Pero en muchas ocasiones, lo que aparece es otra cosa. “Muchas veces pareciera que estamos muy enojados, pero si raspamos un poquito debajo de esa máscara, lo que hay es tristeza”. Identificar esa emoción real es fundamental para poder gestionarla. Alejandro nos invita a reflexionar sobre la desconexión con lo que sentimos: vivimos como si fuéramos inmortales. Es lunes y ya queremos que sea viernes; es marzo y queremos diciembre. En el medio, nos olvidamos de registrarnos. Por eso propone preguntarnos: ¿qué esto sintiendo en este momento? Porque cuando no lo hacemos, cuando no nos escuchamos, las emociones se gestionan solas, y no siempre bien.
Estrés: el cuerpo habla
“El estrés es la reacción de activación del organismo cuando las demandas biológicas, psicológicas, sociales y espirituales superan los recursos de afrontamiento”, define.
Aunque hay una creencia instalada de que el estrés es malo, Schujman aclara: “No podríamos vivir sin estrés. Bien gestionado, es imprescindible. Es una respuesta natural del cuerpo y de la mente cuando las demandas superan los recursos que tenemos para afrontarlas. Lo importante es cómo lo gestionamos”.
El circuito saludable del estrés tiene tres pasos: carga, descarga y relajación. Sin embargo, muchas veces acumulamos sin descargar, y ahí el cuerpo empieza a pasar factura. “El estrés se manifiesta en tres ámbitos distintos: psicológico, comportamental y físico”, explica.
Tensión muscular, dolor de cabeza, palpitaciones, cambios de humor, ansiedad, angustia… Todos son signos. “El cuerpo hablando lo que nosotros silenciamos”, advierte.

Ruta antiestrés: red, diálogo y perspectiva
Frente al estrés, hay tres herramientas fundamentales que propone Alejandro Schujman: red, diálogo y perspectiva.
Red: apoyarse en otros. Pedir ayuda. No sufrir en silencio. “Compartir el sufrimiento no lo resuelve, pero organiza el malestar”, dice.
Diálogo: expresar lo que sentimos, poder decir “necesito un abrazo”, “me siento abrumado”. Habilitar también que el otro nos diga cómo está.
Perspectiva: preguntarnos si eso que hoy nos preocupa tanto va a seguir siendo importante en una semana, un mes o seis. Si la respuesta es no, soltar. Si es sí, buscar un plan de acción. “Nada es tan grave. La fábrica principal del sufrimiento está en la cabeza”, afirma.
“La fábrica principal del sufrimiento está en la cabeza”.
Inteligencia emocional: clave del equilibrio
En la base de todo está la inteligencia emocional, definida por Schujman como “la habilidad de entender, usar y gestionar nuestras emociones de forma que nos ayuden a reducir el estrés, comunicarnos mejor, empatizar y resolver conflictos”. Se trata de reconocer lo que sentimos, buscar vías saludables para canalizarlo y registrar lo que le pasa al otro.
Acá surge un concepto interesante: la empatía. No es solo ponerse en el lugar del otro, sino acompañar. Decir: estoy acá con vos y para vos. A veces, eso es todo lo que necesitamos. Y todo lo que el otro necesita también. “Habilitar cuál es la emoción que tengo y busco un canal saludable para esa emoción. Si estoy triste, llorar es una vía de descarga. Siempre saludable”.
Volver a casa: volver a uno
“Cuando tenemos mucho de algo -de trabajo, de hijos, de exigencias necesitamos volver a casa. Y casa, muchas veces, somos nosotros mismos”, dice Alejandro.
“Se trata de hacer algo distinto para que algo diferente suceda. Salir a caminar, cambiar de escena, andar en bicicleta, ponernos en contacto con la tierra, hacer huerta, son anclajes sensoriales que ponen al cerebro en calma”, afirma.

Para retomar el contacto con uno mismo, el profesional propone armar un rincón de calma en casa, un espacio físico y mental al que volver cuando todo se desborda, “un lugar donde respirar”. Agrega: “Cuando estamos muy pasados de revoluciones, cuando el pico de estrés llega al máximo, es muy necesario hacer un stop, parar, tomar aire y observar e identificar nuestra emoción”.
No se trata de eliminar el estrés, sino de saber que contamos con herramientas, que podemos hacer algo distinto para que algo distinto suceda. Conocernos más, permitirnos sentir y pedir ayuda no es señal de debilidad. Es el primer paso para recuperar el eje.
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Nota original: vidaysalud.com




