
La siesta, una tradición común en muchas culturas, puede ser una práctica beneficiosa para la salud cuando se realiza de manera adecuada.
Diversos estudios han demostrado que un breve descanso durante el día no solo revitaliza la mente, sino que también mejora la atención y las funciones cognitivas, lo que nos ayuda a enfrentar con más energía la segunda mitad del día. Sin embargo, la clave está en la duración y el momento en que se realiza este descanso.
El doctor Pablo López, coordinador del tratamiento del insomnio en INECO, recomienda que la siesta no exceda los 30 minutos. Este tiempo es suficiente para experimentar un aumento en el estado de alerta y una sensación general de bienestar sin afectar el ciclo de sueño nocturno. Según López, el mejor momento para dormir la siesta es alrededor del mediodía, ya que coincide con los ritmos naturales de nuestro cuerpo y permite un descanso completo sin interrumpir el sueño nocturno.
Dormir más allá del tiempo recomendado puede tener efectos contraproducentes. Pablo López señala que extender la siesta puede generar una sensación de letargo, lo que dificulta volver a un estado de alerta necesario para continuar con las actividades diarias. Además, dormir en exceso durante el día puede interferir con la capacidad de conciliar el sueño por la noche, lo que eventualmente podría contribuir al desarrollo de insomnio.
La siesta, en su justa medida, es un aliado de nuestra salud física y mental. Un descanso breve pero efectivo nos permite recargar energías y mejorar nuestro rendimiento. No obstante, es importante mantener un equilibrio para no afectar los patrones de sueño habituales y evitar caer en prácticas que puedan perjudicar el descanso nocturno.
Con información de BIENESTAR