Por Claudia Aranda. Pressenza.com. Medio Ambiente
Reunida en Addis Abeba entre el 14 y el 15 de febrero de 2026, la Unión Africana colocó la seguridad hídrica en el centro de su agenda. Pero la discusión excede el agua: atraviesa la legitimidad política, la reconfiguración geopolítica del continente y el debate sobre soberanía informativa en un mundo multipolar.
Entre el 14 y el 15 de febrero de 2026, los jefes de Estado y de Gobierno de los 55 países miembros de la Unión Africana se congregaron en Addis Abeba, Etiopía, para la 39ª Cumbre Ordinaria de la Asamblea. El tema oficial fue Garantizar la disponibilidad sostenible de agua y sistemas de saneamiento seguros para alcanzar los objetivos de la Agenda 2063, adoptado como Tema del Año 2026 en el comunicado final. En el contexto africano actual, el agua es infraestructura, estabilidad, soberanía y supervivencia.
El continente enfrenta sequías prolongadas en el Cuerno de África, estrés hídrico en amplias zonas del Sahel y presiones demográficas urbanas que tensionan sistemas sanitarios y productivos. La decisión de colocar el agua como eje de la agenda 2026 no es retórica: expresa un diagnóstico estructural. Sin seguridad hídrica no hay agricultura resiliente, sin agricultura no hay seguridad alimentaria, y sin seguridad alimentaria no hay estabilidad política.
Desde una perspectiva africana, el enfoque es coherente con la Agenda 2063, marco estratégico reafirmado en el comunicado final como hoja de ruta común para un desarrollo inclusivo y resiliente. La seguridad del agua no es solo una política ambiental; es una pieza de arquitectura estatal.
Sin embargo, la cumbre se desarrolló bajo tensiones que exceden el clima.
En los últimos años, Mali, Burkina Faso y Níger vivieron rupturas institucionales que alteraron profundamente el mapa político del África occidental. Estos gobiernos han reconfigurado alianzas militares y diplomáticas, reduciendo la presencia francesa y ampliando vínculos con Rusia y otros actores no occidentales. El comunicado final expresó profunda preocupación por conflictos, terrorismo y extremismo violento, cambios inconstitucionales de gobierno y crisis humanitarias, y reafirmó tolerancia cero frente a cambios inconstitucionales de gobierno, así como el compromiso de silenciar las armas en África.
Desde una lectura africana y oriental del escenario global, este movimiento forma parte de una transición hacia un orden multipolar. La competencia entre Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos por influencia en el Cuerno de África confirma que África no es periferia, sino tablero central en la redistribución del poder global.
Pero toda reconfiguración externa tiene correlato interno.
En Addis Abeba, durante el período de la cumbre, las autoridades etíopes revocaron acreditaciones a periodistas internacionales que cubrían la reunión, hecho reportado por Reuters. En Bamako, el 5 de febrero de 2026, el periodista Youssouf Sissoko fue detenido tras publicar críticas al líder militar de Níger. Ambos hechos forman parte de una discusión más profunda sobre soberanía narrativa.
Desde la perspectiva de varios gobiernos del Sahel, la prensa occidental es vista como instrumento de presión geopolítica. La historia africana contiene episodios de intervención y estrategias mediáticas alineadas con intereses externos. La desconfianza, por tanto, no surge en el vacío.
Sin embargo, el desafío no es solo externo. El punto crítico es qué modelo institucional se consolida cuando se restringe la influencia extranjera.
Si la soberanía comunicacional se traduce en concentración del control informativo sin contrapesos judiciales independientes ni garantías para el periodismo local, el riesgo es que la emancipación geopolítica derive en opacidad interna. Sustituir dependencia por centralización no equivale automáticamente a democratización.
Desde una visión africana autónoma, el objetivo no debería ser simplemente expulsar narrativas occidentales, sino construir sistemas mediáticos propios, sólidos y profesionalizados, capaces de dialogar en igualdad de condiciones en el escenario global. La soberanía no es silencio; es capacidad institucional.
La propia Unión Africana enfrenta cuestionamientos de sectores juveniles que la perciben distante de las urgencias demográficas y económicas. África es el continente más joven del planeta. La brecha entre liderazgo político tradicional y expectativas juveniles es un factor estructural que la cumbre no puede ignorar.
Prospectivamente, el escenario africano puede evolucionar en tres direcciones.
Primero, una consolidación multipolar donde África negocie con múltiples socios desde una posición estratégica más equilibrada.
Segundo, una institucionalización de la soberanía ambiental, donde la gestión hídrica y climática se convierta en núcleo de cooperación regional y de inversión Sur–Sur.
Tercero, una bifurcación interna: o bien los procesos de ruptura con dependencias históricas se traducen en fortalecimiento institucional y pluralismo, o bien derivan en modelos cerrados donde el poder se concentra bajo la bandera de la soberanía.
Al concluir formalmente la 39ª Sesión Ordinaria de la Asamblea de la Unión Africana, los líderes emitieron un comunicado final que adoptó Decisiones, Declaraciones y Resoluciones y confirmó la asunción de H.E. Évariste Ndayishimiye como Presidente de la Unión Africana para 2026.
El comunicado reafirmó el compromiso con una Unión centrada en las personas, eficiente, responsable y financieramente sostenible. Adoptó informes de órganos como Africa CDC (Centros Africanos para el Control y la Prevención de Enfermedades), APRM (Mecanismo Africano de Revisión por Pares), AUDA-NEPAD (Agencia de Desarrollo de la Unión Africana – Nueva Alianza para el Desarrollo de África), CAHOSCC (Comité de Jefes de Estado y de Gobierno Africanos sobre Cambio Climático) y el Comité C-10 (Comité de los Diez Jefes de Estado y de Gobierno sobre la Reforma del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas).
En materia de gobernanza global, la Asamblea reiteró la necesidad de representación equitativa de África en las instituciones de gobernanza global y tomó nota del informe sobre la participación de la UA en el G20 (Grupo de los Veinte), destacando prioridades como financiamiento del desarrollo sostenible, reestructuración de deuda, acción climática, seguridad alimentaria y transformación digital.
En el terreno del desarrollo, la Asamblea destacó el progreso en la implementación del AfCFTA (Zona de Libre Comercio Continental Africana) y subrayó la importancia de acelerar la industrialización, la generación de valor agregado y el comercio intraafricano. Reafirmó la transformación de sistemas alimentarios en el marco del CAADP (Programa Integral de Desarrollo de la Agricultura en África) y la movilización de recursos para infraestructura, energía, agua y adaptación climática.
Asimismo, consideró un estudio sobre la calificación de la colonización como crimen contra la humanidad y ciertos actos de la era de la esclavitud y deportación como actos de genocidio contra pueblos de África. Examinó el informe sobre la situación en Palestina y reiteró su apoyo a una solución conforme al derecho internacional y las resoluciones pertinentes de Naciones Unidas.
La cumbre de Addis Abeba no resolvió todas estas tensiones. Pero dejó claro que África busca consolidar una arquitectura estratégica propia en el sistema internacional, vinculando agua, paz, reforma institucional y representación global.
El agua fue el tema formal. La soberanía —ambiental, política e institucional— fue el eje transversal.
El futuro del continente dependerá de cómo logre equilibrar autonomía estratégica, gobernanza inclusiva y derechos fundamentales sin reproducir nuevas dependencias ni nuevas opacidades.
Claudia Aranda
Nota original en: PRESSENZA.COM




