
Las diferencias dentro de Unidos no son nuevas, pero tuvieron una primera señal clara de quiebre cuando el socialismo y el resto de la coalición fijaron posiciones distintas ante la detención de Nicolás Maduro, en enero pasado.
Si bien en un frente tan heterogéneo las diferencias son inevitables, más en un espacio que hasta vota dividido en el Congreso, lo cierto es que esas disputas “menores” se vuelven cada vez más visibles. Y que tenderán a profundizarse a medida de que se acerque el 2027, un año electoral clave.
Por ahora, las tensiones públicas no alcanzan para provocar una fractura. Sin embargo, empieza a emerger un tema que podría forzar definiciones de fondo: la posibilidad de incorporar a La Libertad Avanza al armado oficialista, una movida que, casi por definición, dejaría afuera al socialismo.
La novedad es que la idea ya no circula en voz baja. Por el contrario, comenzó a ser planteada abiertamente por dirigentes de peso. Y aunque el gobernador Maximiliano Pullaro ensaya equilibrios para sostener la convivencia interna, el debate escala y gana volumen entre referentes cada vez más influyentes.
El primero en decirlo sin rodeos fue el secretario de Cooperación, Cristian Cunha, también referente de Mauricio Macri en la provincia: “Hay que ampliar el frente hacia La Libertad Avanza”, sostuvo en una entrevista con Radio Rivadavia.
En la misma línea se expresó la diputada nacional y exvicegobernadora Gisela Scaglia, también del Pro, quien pese a sus críticas al presidente Javier Milei no descartó un entendimiento electoral. “No hay ningún diálogo cierto, pero no lo descarto como posibilidad”, afirmó en Aire de Santa Fe.
Tomadas de manera aislada, ambas posturas podrían leerse como declaraciones de intención. Pero el debate tomó otra dimensión cuando el presidente provisional del Senado, Felipe Michlig, se mostró dispuesto a explorar acuerdos más amplios. “No hay que cerrarle la puerta a nadie”, planteó, y llamó a hacer “un esfuerzo” para integrar nuevos espacios a Unidos.
Estas señales empiezan a incomodar a los sectores menos afines a los libertarios dentro de la coalición. En particular al Partido Socialista y al espacio Creo, que lidera el intendente rosarino Pablo Javkin.
Atento a ese movimiento, el alcalde local salió a marcar distancia: “No creo que representemos lo mismo”, afirmó. La respuesta no tardó en llegar desde el campamento libertario. El concejal Juan Pedro Aleart redobló la apuesta y descartó cualquier acuerdo con “socialistas que gobiernan la ciudad hace 30 años”.
El cruce expone, en simultáneo, el germen de una eventual alianza y el riesgo de una ruptura definitiva. Y en ese tablero, Rosario aparece como una pieza clave. Pero además, el desenlace podría depender, paradójicamente, de un actor externo: el peronismo. Sobre este punto, la incógnita es si su candidato a la intendencia (y la gobernación) será lo suficientemente competitivo como para obligar a un reordenamiento opositor más amplio. ROSARIOPLUS

