
Por algo Varoufakis los llama tecnofeudales: pero está vez los siervos no serán solo miserables, serán androides con cuerpo de humanos y mente de IA.
Por Sandra Russo.
Página|12.
30 de Mayo de 2026.
Me impactó leer, a principios de la semana, que el papa León XIV había incluido en su encíclica Magnifica Humanitas a J.R.R. Tolkien, a través de Gandalf, el mago sabio que remite al mítico Merlín. “No nos corresponde a nosotros controlar las mareas del mundo, sino hacer lo que esté en nuestras manos por el bien de los días que nos ha tocado vivir”. La frase está en el libro, no en la película.
Quizá me haya impactado porque hace relativamente poco me había enterado que Palantir también evoca a Tolkien en su nombre: los palantires son las piedras pensantes de El señor de los anillos.
No creo que haya sido casualidad. Y le agrego: qué loco que Thiel y Park hayan evocado ya en la elección del nombre un linaje medieval. La Tierra Media es un lugar de fantasía, pero icónicamente medieval. Merlín pertenece a la saga de Arturo, el principal mito occidental, que estuvo activo en toda Europa durante muchos siglos.
Por algo Varoufakis los llama tecnofeudales: pero está vez los siervos no serán solo miserables, serán androides con cuerpo de humanos y mente de IA.
La corporación de Thiel y Park en poco tiempo se ha ubicado en vértice de la internacional de ultraderecha, que excede en mucho incluso la idea que existía antes de ellos de la ultraderecha. Esto es otra cosa, otro infierno, una mutación.
Dudo que entre en muchas cabezas humanas una forma de dominación del tipo a la que estamos expuestos.
Son ellos los mandantes de los presidentes brutalistas. Son los artífices del cambio civilizatorio contra el que el Papa salió a hablar, que en su caso es activar.
Esa encíclica, que nombra y celebra la humanidad, que connota justicia, educación, tolerancia y sobre todo gregarismo, algún tipo de colectivismo sin el cual lo humano no sobrevive, no es solamente una obra eclesiástica. De hecho yo no soy católica. Hablo desde la desesperación de estar viva ahora, cuando mantenerse vivo es difícil, cuando soportar el dolor ajeno es algo que te parte al medio día tras día. Somos o víctimas de injusticias atroces o testigos de ellas, y tenemos el alma rota.
Lo que salió a decir el Papa, que no es carismático ni peronista como Francisco, es, sin embargo, un manifiesto antisistema tecnofeudal que debe ser tomado como referencia. En este momento de caos material y simbólico, el dispositivo maligno de la ultraderecha ya nos ha deshumanizado. Y la guerra que se libra en nuestras mentes hace que demasiadas personas, demasiadas, crean que “las cosas son así”.
Entendámoslo de una vez. Porque se dice y se escucha, pero no creo que se comprenda que literalmente esta gente nos quiere exterminar para reemplazarnos por gente gemela a nosotros pero sin pensamientos propios.
No es ciencia ficción. No es bolazo. No es exagerado. Todos los días en este país tenemos evidencia de que gobiernan este país, y legislan en este país muchos que ya no son del todo humanos.
Nos deshumanizan porque ellos ya se deshumanizaron. Todo nuestro equilibrio mental, emocional y material está basado en nuestra idea de lo humano. Creemos en general que lo humano es un plus de lo animal. Eso lo revería. Hay que reverlo todo, discutirlo todo, negarse a aceptar una única respuesta.
Eso es básicamente lo que opina el Papa de la IA. Que hay que “desarmarla”, porque hasta ahora solo ha servido a la muerte. De inocentes, pero también de la idea de lo humano. Para eso quieren nuestros datos. Seremos vacas yendo contentas al matadero cuando agarremos el teléfono.
Y a propósito, que el ejército de Israel, como se supo esta semana, haya abusado sexualmente de una veintena de activistas de varias nacionalidades, ¿qué nos dice de lo humano? ¿Qué le pasa a Israel con lo humano, y a nosotros, que lo sabemos y seguimos viviendo como si no supiéramos que el genocidio sigue?
La negación ha entrado en nuestras vidas porque no podemos evitarlo. Hay que estar en alerta permanente para no ser capturado por la época. Ojalá seamos capaces de ver la oscuridad profunda y desconocida que acecha y nos sopla en la nuca. Más allá de las circunstancias de cada país, en todo el mundo lo que está en juego es que sigan existiendo, o no, seres humanos.

