
Naturaleza, Medio Ambiente y mucho más…
Hay una ciencia de la que sólo nos acordamos cuando se equivoca, a pesar de que nos acompaña desde hace más de dos mil años.
La meteorología es una disciplina que, aunque surgió antes de Cristo, no muchos dominan: ¿conoces estos datos respecto a ella?
La mayor evaporación que se conoce en el mundo se registra en la ciudad de Boussoukou, en el Chad, con 7720 mm de promedio al año.
No es de extrañar, por tanto, la desaparición del lago Chad que en 1992 tenía una superficie de 220 kilómetros cuadrados, de los 25400 que tenía en 1966. Si bien en los peores momentos de la sequía en la región norte del Sahel, la superficie del lago se quedó en 1300 kilómetros cuadrados.
Al monzón (del árabe, estación y por derivación, estación lluviosa), se la considera como la mayor brisa marina del mundo. Para la India, el monzón no representa sólo la lluvia, es el Dios de la Vida.
Los mares que bordean el continente antártico son los más tempestuosos del mundo. En sus costas, en la Tierra Adelie, se han registrado vientos de 320 km/hora.
La tromba marina más alta que se conoce fué de 1528 metros, con un diámetro de 3 metros. Se observó el 16 de mayo de 1898, frente a las costas de Edén, en Nueva Gales del Sur (Australia).
En los lugares donde la atmósfera está muy clara y seca y por tanto libre de nubes como ocurre en algunas zonas de Hawai, sobre el monte Mauna-Loa, se llega a captar hasta un 85% de la radiación directa del sol (cuando lo normal es que sea un 34%). En cambio, donde menor es la intensidad de la radiación sobre la superficie terrestre (exceptuando los polos) es debajo de los bosques tropicales lluviosos de la zona ecuatorial del planeta que aún permanecen vírgenes, pues sólo se recibe bajo la espesa capa vegetal un 2% de dicha radiación.
Los habitantes de las tierras altas escocesas (Highlands) dicen que en su país «el tiempo cambia once veces al día», lo cual supone, además de una sensacional marca, todo un reto para los meteorólogos ya que por más que lo intentan, el tiempo allí (y en todas las Islas Británicas), continúa siendo de lo más impredecible.
Y eso a pesar de que los ingleses tienen fama de pasarse la mayor parte del día hablando del tiempo atmosférico, pues como muy bien reflejó en una de sus obras inmortales el novelista francés Julio Verne «cuando no se sabe qué decir se habla del tiempo que ha hecho o del que hará. Tema inagotable al alcance de todos los inteligentes».
Fuente: NuestroClima.com