Piel robótica neuromórfica: cuando los robots humanoides aprenden a sentir dolor
Piel robótica neuromórfica: cuando los robots humanoides aprenden a sentir dolor
Investigadores de la Academia China de Ciencias y de distintas universidades tecnológicas del país han desarrollado una piel robótica neuromórfica capaz de dotar a los robots humanoides del sentido del tacto y de la percepción del dolor. Este avance supone un paso decisivo hacia máquinas más seguras, autónomas y preparadas para interactuar de forma natural en entornos humanos.
Una piel robótica inspirada en el sistema nervioso humano
La piel robótica neuromórfica, conocida como NRE-skin, introduce una evolución significativa frente a las soluciones tradicionales. Mientras que las pieles convencionales se limitan a detectar presión o contacto, esta nueva tecnología está diseñada para interpretar la intensidad del estímulo y responder en consecuencia, replicando principios básicos del sistema nervioso humano.
Su estructura se compone de cuatro capas funcionales. La capa externa cumple una función protectora similar a la epidermis humana, mientras que las capas internas integran sensores y circuitos que funcionan como nervios artificiales. De forma periódica, la piel emite impulsos eléctricos al sistema central del robot para confirmar que se encuentra en buen estado. Si estos impulsos se interrumpen, el sistema identifica automáticamente la zona dañada y genera una alerta inmediata.
El elemento más innovador reside en su capacidad para gestionar estímulos extremos. Ante un contacto normal, la información se envía a la unidad central de procesamiento. Sin embargo, cuando la fuerza aplicada supera un umbral crítico, la piel genera una señal directa de alto voltaje que activa los motores sin pasar por la CPU. Este mecanismo reduce la latencia, permite una respuesta refleja y minimiza el riesgo de daños tanto para el robot como para su entorno.

Seguridad, mantenimiento y nuevas formas de interacción humano-robot
La incorporación de una piel capaz de detectar dolor transforma radicalmente el papel de los robots humanoides en espacios compartidos con personas. En entornos como hospitales, hogares o centros de trabajo, la reacción inmediata ante estímulos peligrosos incrementa la seguridad, un factor clave para la adopción masiva de estas tecnologías.
Además, esta capacidad introduce comportamientos más intuitivos y previsibles. Los movimientos reflejos ante situaciones de riesgo resultan más naturales para los usuarios, lo que mejora la confianza y facilita una interacción más fluida entre humanos y robots. Este aspecto es especialmente relevante en robots de asistencia y servicio, donde la cercanía física es constante.
El diseño modular de la NRE-skin también aporta ventajas operativas. Al estar compuesta por parches magnéticos intercambiables, las reparaciones pueden realizarse en segundos, sustituyendo únicamente la sección dañada. Esto reduce los costes de mantenimiento y los tiempos de inactividad, un aspecto crítico para aplicaciones profesionales.

Los próximos avances se centran en aumentar la sensibilidad del sistema, permitiendo detectar múltiples estímulos simultáneos sin interferencias. Este progreso ampliará la capacidad perceptiva de los robots y los acercará aún más a una interacción táctil compleja y eficiente.
La piel robótica neuromórfica representa un avance clave en la evolución de la robótica humanoide. Al combinar detección táctil avanzada, respuesta refleja y facilidad de mantenimiento, esta tecnología mejora la seguridad, la funcionalidad y la aceptación social de los robots. Sentir dolor ya no es una limitación humana, sino una ventaja tecnológica.
Referencia:
- A neuromorphic robotic electronic skin with active pain and injury perception. Link.

Fuente: CerebroDigital.net




