La violencia escolar ya no solo es una simple pelea.

Chicos contra chicos. Chicas contra chicas y también contra chicos. Los casos en el país se multiplican cada vez con más frecuencia. ¿Esto tiene solución? Todavía no aparece.

Chicos contra chicos. Chicas contra chicas y también contra chicos. Los casos en el país se multiplican cada vez con más frecuencia. ¿Esto tiene solución? Todavía no aparece.

por Lara Carranza (*) 

A la hora de encontrar una respuesta, las causas tienen un nudo tan íntimo y familiar como social, en el que la historia pasada, la de ayer nomás y la de hoy, se constriñe cada día un poco más, y que, por ahora, no indica haber llegado a su límite. ¿Víctimas o victimarios? ¿Dónde está la diferencia?

Últimamente en las noticias se ha escuchado acerca de que “una chico apuñaló con un compás a su compañero”, ¿Por qué se manifiestan estas cosas?

La agresividad no es un fenómeno nuevo ni exclusivo de las escuelas, sino que parte de la estructura de convivencia mundial que por décadas ha afectado a sistemas educacionales consagrados del primer mundo como los de Francia y Estados Unidos. He llegado a la conclusión de que hay violencia en las escuelas.

Sin embargo la violencia escolar ya  no es solo una simple pelea a la salida del colegio, sino que paso a ser un campo de batalla en la que los chicos llegan a portar revólveres, navajas. Y los docentes no están preparados para enfrentarse a estos casos.

En algunos casos esta violencia se puede dar a causa de:

 Maltrato por los compañeros: si bien no incluye violencia física, si la hay verbal, y especialmente emocional puesto que el maltrato intimidatorio puede durar meses o años.

Problemas de disciplina: estas son agresiones que “anuncian” problemas aún más graves en caso de no atajarse con determinación y medidas ejemplares.

  También puede darse por Vandalismo, Agresión Física, e incluso por haber sufrido ACOSO SEXUAL.

En la actualidad, el entorno socio-cultural nos empuja a movernos en términos de competencia y de un lenguaje agresivo y poco conciliador. Este es el modelo que se encuentra en el medio, al cual, obviamente, tienen acceso los niños. Como resultado, se ve una sociedad enferma que a través de estas expresiones -síntomas- de violencia está reclamando un cambio.

La violencia escolar es una más. La violencia es cotidiana, se da en todas las áreas. Circunscribirla al colegio y aun más pretender corregirlas con “medidas ejemplares”, suena más a política de “mano dura” que nunca dan resultado, sino traen más violencia. El problema es mundial, el imperio ya no ataca principalmente de modo militar, sino que utiliza ese recurso cuando la dictadura económica que pretenden en el mundo no trasciende en distintas sociedades, convirtiéndolas ideológicamente, bajo propaganda mediática, en sociedades enemigas. No es casualidad que en las sociedades de formación más humanista (Venezuela ahora o Cuba) no se respira ese aire tan violento e individualista.

Es simple. La mecha para el primer fogonazo se enciende fácil. Una mirada y vos-qué- miras. Un pechazo y ella-me dijo-que-vos-dijiste, un insulto al pasar, porque sí. Y punto. No hacen falta más excusas. Las aulas de las escuelas públicas, privadas, del conurbano o de plena Capital, son una caja de resonancia donde tarde o temprano, los chicos parecen descargar esa suerte de turbulencia por la que transitan desde hace tiempo. Y recién cuando algún caso salta el cerco de la escuela y se hace público, para muchos el mundo real hace plop como un chicle globo. Aunque, en realidad, no hay demasiado de qué asombrarse.

Muchas veces los conflictos entre pares en la escuela empiezan en el afuera, en los barrios donde viven o en los lugares donde van a bailar. Cuestiones territoriales, antagonismos, peleas por un chico o por una chica. Por diferencias en el aspecto físico o por potencialidades intelectuales. Los expertos hablan de esa perturbadora necesidad de “aniquilar” al otro que subyace en todo el problema de la violencia.

“El modelo de escuela estaba ajustado a un modelo de familia que cambió. Y a los educadores les está costando mucho entender el proceso de cambio social. Seguimos pensando que la escuela es la misma de siempre. Y no se dieron cuenta de la dimensión del cambio”. 

En una de sus arengas públicas Silo dijo “En este desgraciado mundo en que la fuerza y la injusticia se enseñorea por campos y ciudades, ¿cómo es que se piensa acabar con la violencia?
Tal vez piensen que son un ejemplo inspirador de las nuevas generaciones cuando disfrazados de video juego despotrican contra el mundo; cuando amenazan en la peor muestra de matonaje; cuando, finalmente, envían a sus muchachos a invadir, a matar y a morir en tierras lejanas. Este no es un buen camino ni un buen ejemplo.
Tal vez piensen que volver a las primitivas prácticas de la pena de muerte, será un gran ejemplo social.
Tal vez piensen que penalizando progresivamente el delito cometido por niños, desaparecerá el delito… ¡o desaparecerán los niños!
Tal vez crean que trasladando la práctica de la “mano dura” a las calles, las calles serán seguras. Por cierto que estos problemas existen y se multiplican en el momento actual, pero con un enfoque violento de la violencia no resultará la paz.” (Fragmento de la Arenga del 2005 en Punta de Vacas)

Finalmente, podemos decir que la violencia aumenta aun más, y que no se ha puesto en marcha ninguna forma eficiente de detenerla.


(*) Lara Carranza
15 años, cursa 1er. año Polimodal de la Escuela Urquiza de Rosario

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