La mitad de las escuelas públicas no está en condiciones de funcionar

En la Escuela Nº1.344 hay sólo dos baños con letrinas. (Foto: Silvina Salinas) El 73,3% de los edificios tiene humedad en las paredes, en otro 52% los muros están agrietados o rotos y en un porcentaje similar las instalaciones eléctricas son deficientes, cuando no representan un verdadero peligro. Así descripta, la situación sería crítica para cualquier tipo de construcción, pero es aún peor si los edificios evaluados son escuelas. No obstante, una encuesta realizada por el gremio que nuclea a los docentes provinciales (Amsafé) arrojó que la mitad de los establecimientos no cumple con las condiciones para brindar educación y que si hubiera un seguimiento responsable por parte de las autoridades, muchos de estos sitios ni siquiera estarían habilitados para albergar a niños y adultos. Un número basta para ilustrar el problema: sólo el 25 % de las escuelas examinadas tiene sus baños en condiciones.

Aun así, cientos de chicos y otros tantos maestros pasan diariamente varias horas en estos establecimientos. Y aprenden y enseñan tanto como las condiciones del lugar se lo permiten.

Durante todo el mes pasado, la delegación local de Amsafé recorrió unas 60 escuelas de la ciudad y consultó a los maestros sobre las condiciones en las que trabajan. La muestra representa el 14 % de los establecimientos escolares y se armó en forma proporcional entre escuelas primarias, iniciales, especiales, medias, técnicas y talleres de distintas zonas de Rosario.

De estas escuelas, la mayoría (68,3%) funciona en dos turnos, mañana y tarde, y el otro 25 % también ofrece un servicio nocturno. Sólo el 6,6% de los edificios relevados abre sus puertas una sola vez al día. Este dato no es menor a la hora de evaluar la envergadura de los establecimientos visitados y las falencias edilicias encontradas.

Humedad y mala instalación eléctrica
De acuerdo a los datos del gremio, el 73 % de los chicos rosarinos que concurren a la escuela pública asiste a establecimientos que presentan humedad en las paredes o el techo, cuando no (en el 52% de los casos) los muros están directamente agrietados o rotos. Y la instalación eléctrica también deja que desear: en la mitad de los colegios es precaria y hasta se considera peligrosa.

En la Escuela Nº1.344 hay sólo dos baños con letrinas. (Foto: Silvina Salinas) La combinación de ambas cosas puede ser una trampa: “Las roturas de techos y la electrificación de paredes han provocado accidentes que han afectado tanto a alumnos como docentes”, advierte el informe elaborado por Amsafé, y agrega que “en todos los casos” el personal directivo denuncia esta situación en el Ministerio de Educación, donde el episodio queda asentado en un acta.

La rotura de vidrios y su no reposición afecta al 30% de los establecimientos, otro 25% considera deficiente el servicio de agua, y finalmente un 18,3% de las escuelas presenta otros problemas como inundaciones en caso de lluvia o falta de salidas de emergencia e instalación de gas.

El estado de las aulas no escapa a este panorama. Seis de cada diez salones no tienen suficientes pupitres o sillas, o carecen de pizarrón, escritorio y armario, mobiliario imprescindible para trabajar en clase. En el 45% de los casos la iluminación resulta precaria o deficiente y lo mismo sucede con la calefacción o la ventilación.

Los baños merecen un párrafo aparte: sólo en 15 de las 60 escuelas auditadas los sanitarios tienen buenas condiciones. En el resto están rotos, tapados o no tienen puertas (ver página 12).

El Estado, ausente
Pero tan preocupante como las falencias que presentan los edificios es la falta de respuesta del Estado a estos déficits. “¿Quiénes son los que resuelven o se comprometen con estos problemas?”, preguntó Amsafé a los directivos y docentes de estos establecimientos, y sólo un 3,3% de los encuestados señaló al gobierno provincial como el nivel institucional que brinda las soluciones.

La mayoría (65%) consideró que son las asociaciones cooperadoras las que enfrentan estas situaciones. Pero al mismo tiempo advirtió que con el empobrecimiento de la comunidad educativa las posibilidades de acción de las cooperadoras escolares están cada vez más limitadas.

El restante 31,7% simplemente admitió que “nadie” se hace cargo de los problemas que tiene la escuela.


fuente: Carina Bazzoni / La Capital

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