
Europa ha aprendido en los últimos años una lección incómoda: la transición energética no depende solo de voluntad política o de inversiones en renovables, sino de materiales que no controla.
Por Alba Otero. Xataca
Tras lograr —no sin dificultades— reducir su dependencia del gas ruso, la Unión Europea se enfrenta ahora a una vulnerabilidad más profunda y estructural: el dominio casi absoluto de China sobre los metales críticos y, en particular, sobre los imanes permanentes de tierras raras.
Sin estos imanes no hay coches eléctricos, ni aerogeneradores, ni robótica avanzada, ni buena parte de la industria de defensa. No obstante, Francia ha dado un paso que va más allá del discurso político y puede cambiar las tornas.
La inauguración de una línea piloto pionera. El grupo Orano y la Comisión de Energías Alternativas y Energía Atómica (CEA) inauguraron en las instalaciones del CEA-Liten, en Grenoble, una línea piloto dedicada al reciclaje y la remanufactura de imanes permanentes de alto rendimiento a partir de tierras raras.
Según explicó Orano, la infraestructura cuenta con una capacidad piloto de hasta cuatro toneladas y está equipada con tecnologías representativas de una escala industrial, operadas por un equipo conjunto Orano–CEA. Los resultados técnicos del proyecto se esperan para finales de 2026, con vistas a una posterior implantación a gran escala por parte de un operador industrial externo.
Una respuesta a una dependencia crítica. La importancia del proyecto va mucho más allá de su dimensión técnica. Los imanes permanentes basados en neodimio-hierro-boro se han convertido en piezas clave para el futuro industrial europeo, pero hoy la UE importa más del 95% de los que necesita. Y la demanda no para de crecer: el mercado ha pasado de unas 250.000 toneladas de imanes este año a cerca de 350.000 en 2030, con una proporción creciente de aplicaciones de alta performance.
El problema no es solo el volumen, sino el control de la cadena de valor. China no solo concentra buena parte de las reservas mundiales de tierras raras, sino entre el 70% y el 90% de su procesamiento y hasta el 99% en el caso de las tierras raras pesadas. Esto le otorga una capacidad de presión geopolítica que ya se ha traducido en restricciones a la exportación y en interrupciones reales de suministro para industrias europeas. En este contexto, la línea piloto de Grenoble se inscribe plenamente en el Critical Raw Materials Act, que fija como objetivo que al menos el 25% de las materias primas críticas se reciclan en Europa para 2030.
El reciclaje de «circuito corto». Así es como se llama el núcleo tecnológico del proyecto. A diferencia del reciclaje tradicional —el denominado «bucle largo»—, este enfoque permite recuperar las tierras raras directamente en forma metálica a partir de imanes al final de su vida útil, sin pasar por complejas etapas químicas de disolución, reoxidación y reconstitución.
«Este reciclaje ofrece un compromiso óptimo entre rendimiento magnético, circularidad y descarbonización», explica Benoît Richebé, director de proyectos de Tierras Raras y Reciclaje de Imanes en Orano, en declaraciones recogidas por El Periódico de la Energía. El enfoque permite reutilizar directamente los metales críticos y reconstruir nuevos imanes de alto rendimiento, adecuados para aplicaciones exigentes como los motores de tracción de vehículos eléctricos o las turbinas eólicas offshore.
Orano defiende, no obstante, una aproximación híbrida. Según Richebé, el reciclaje por bucle corto y el bucle largo son complementarios, y Europa debe ser capaz de disponer de ambos para construir una industria flexible y resiliente. La mezcla de materias primas secundarias con aleaciones nuevas permite garantizar el máximo rendimiento técnico.
Más allá del piloto. Actualmente, la tasa de reciclaje de imanes de tierras raras en Europa es de apenas un 1%, según datos citados por la agencia alemana de recursos minerales (DERA). Durante años, la combinación de precios bajos de productos primarios chinos y la disponibilidad irregular de residuos ha frenado el desarrollo de una industria de reciclaje a gran escala. Sin embargo, como recoge RawMaterials, el año pasado entró en funcionamiento en Alemania la mayor planta de reciclaje de imanes de Europa oriental, operada por Heraeus, y en el sur de Francia la empresa Caremag planea establecer una planta de reciclaje y refinado de tierras raras en los próximos años.
No obstante, aquí viene el punto clave: el proyecto de Orano y la CEA se apoya además en dos consorcios colaborativos financiados por Francia y la Unión Europea —Magellan 1 y Magnolia 2—, que desarrollan tecnologías complementarias para la fabricación de imanes a partir de metales críticos reciclados. Uno de los elementos diferenciales del proyecto es la aplicación del know-how nuclear de Orano a la industria de los imanes: metalurgia de polvos, procesos en atmósferas controladas, sinterización y gestión de instalaciones altamente reguladas. Experiencias acumuladas en plantas como Orano Melox, dedicada al reciclaje de combustible nuclear, se trasladan ahora a un sector clave para la electrificación.
Una grieta en el monopolio. Francia no va a competir con China en volumen de producción de tierras raras ni de imanes a corto plazo. Pero con esta línea piloto ha empezado a disputar algo quizá más importante: el control del conocimiento industrial y de los procesos. Como resume Benoît Richebé, «dominar el reciclaje de imanes será indispensable para las transiciones ecológica, digital y tecnológica». No se trata solo de materiales, sino de soberanía industrial.
Si el piloto cumple sus objetivos y los procesos se transfieren con éxito a escala industrial, Europa podría recuperar parte de una cadena de valor que perdió hace décadas. En un mundo donde los metales críticos se han convertido en instrumentos de poder, reciclar imanes no es solo una solución ambiental: es un acto estratégico.

Las reservas mundiales de tierras raras, expuestas en este gráfico que muestra el brutal dominio de un único país
Fuente: XATAKA.com




