Elon Musk propone reemplazar las cárceles por robots vigilantes
El fundador de Tesla y SpaceX volvió a romper el límite entre ciencia y ficción.
Durante una reunión con accionistas, Musk propuso un sistema en el que los robots humanoides vigilen permanentemente a los criminales. “Nadie irá a la cárcel”, dijo. Los infractores vivirán acompañados por máquinas programadas para evitar que vuelvan a fallar.
Durante la junta anual de Tesla, Elon Musk pronunció una frase que nadie esperaba escuchar de un ingeniero: “En el futuro, nadie irá a la cárcel”. No era una broma. Lo decía en serio. En su visión, los robots Optimus, desarrollados por Tesla, podrían sustituir a las prisiones humanas. En lugar de encerrar a un delincuente, un robot lo acompañaría en cada momento de su vida, registrando sus acciones y asegurando que no reincida.
Elon Musk argumentó que este sistema sería una “forma más humana” de tratar el crimen. Sin muros, sin celdas, sin castigos físicos. Solo máquinas que observan, corrigen y previenen. Un escenario que suena menos a reforma penal y más a vigilancia perpetua.
De actor disfrazado a centinela humanoide

El recorrido de Optimus comenzó en 2021, cuando Musk presentó la idea en el Tesla AI Day con un actor disfrazado de robot. En aquel momento parecía un gesto teatral, una metáfora. Pero un año después, el primer prototipo funcional caminaba por un escenario real. En 2024, el robot ya servía cócteles, doblaba ropa y ejecutaba tareas domésticas con precisión milimétrica.
Tesla asegura que el objetivo es crear un robot de bajo costo —menos de 20.000 dólares—, capaz de asumir tareas repetitivas o peligrosas. Pero Musk ve más allá: imagina millones de humanoides conviviendo con personas, sustituyendo empleos, cuidando enfermos… y ahora, vigilando criminales.
En su modelo, un Optimus podría seguir a un infractor a donde fuera: al trabajo, al supermercado, al hogar. Un guardián sin emociones, con sensores que miden movimiento, voz y expresión facial.
¿Humanismo o control total?

Elon Musk describió su idea como una manera de humanizar la justicia y reducir costos penitenciarios. Pero el concepto abre un dilema ético profundo: ¿es más humano estar acompañado por una máquina que nunca duerme, que verlo tras los barrotes?
El empresario evitó dar detalles sobre quién financiaría el sistema o cómo se garantizarían los derechos de los vigilados. Tampoco explicó qué pasaría si un robot falla o si un delincuente logra manipularlo. La promesa de “eficiencia” encubre, quizá, una forma radical de control social. Un mundo donde la libertad se mide por la distancia entre tú y tu sombra mecánica.
Los límites de la tecnología que ya está en marcha

Por ahora, Optimus sigue en fase de pruebas. Los videos publicados por Tesla muestran robots que riegan plantas, limpian cocinas y colaboran en tareas cotidianas. En su versión más avanzada, el modelo puede interactuar con personas en tiempo real, detectar la presión con sus manos y mantener equilibrio sin asistencia.
Aun así, los especialistas advierten que el robot sigue dependiendo parcialmente del control remoto y de entornos altamente supervisados. Falta inteligencia contextual, autonomía real y empatía. Lo que Elon Musk imagina —máquinas con juicio ético y discernimiento moral— todavía pertenece al terreno de la ficción.
Pero su insistencia en que para 2040 habrá 10.000 millones de robots humanoides deja entrever que su idea no es un simple ejercicio teórico. Es una hoja de ruta.
Cuando la distopía se disfraza de compasión
Si la prisión fue el símbolo del siglo XIX y la cámara de seguridad el del XXI, el robot-vigilante podría ser el del XXII. Musk lo plantea como una mejora moral: un sistema sin barrotes, sin castigos físicos, donde la vigilancia sustituye al encierro.
Sin embargo, su propuesta deja una pregunta en el aire: ¿hasta qué punto un castigo “más humano” sigue siendo humano cuando lo ejecuta una máquina?
Quizá, en el futuro que Elon Musk imagina, no haya cárceles. Pero tal vez tampoco haya privacidad. Solo un silencio vigilado por ojos de metal.
Nota original en: GIZMODO




