Nada será estable en el nuevo tiempo histórico ¿Qué podemos hacer?
Nada será estable en el nuevo tiempo histórico ¿Qué podemos hacer?

Cada vez que las élites mundiales se reúnen en el Foro de Davos nos permiten ver un poco más sobre sus planes demenciales para la humanidad. No crean que solo se reúnen a hacer el payaso, son verdaderos psicópatas con planes de exterminio precisos.
El nuevo paradigma mundial es el de la descomposición social y en tal situación se hace imprescindible desarrollar la capacidad auto-organizativa de las personas.
Les propongo la siguiente reflexión desde lo que sé de la corriente de pensamiento Nuevo Humanismo (NH).
El NH propone una postura no pasiva, sino intencional respecto a los determinismos. Para ella, es esencial la visión de campo, es decir, estar al día de todo lo que sucede en el mundo.
Desfasaje y desorientación
Cada vez que el ser humano elevó la mirada a las estrellas y se aventuró al espacio cósmico se encontró con una realidad desconcertante. Descubrió que su mente humana, acostumbrada a las leyes del planeta, no servía para representar y descifrar el universo.
Se dio cuenta de que eso que llamaba realidad era solo una interpretación muy vaga. Así, el espíritu de crecimiento y la investigación le llevó a la humildad. Pero solo una minoría fue realmente consciente del gran desconocimiento de la realidad, mientras que la mayoría siguió con una actitud arrogante.
Ahora el no-conocimiento, transformado en tecnología, llama a la puerta cada día a través de la revolución cibernética.
No podemos mantenernos al margen ya que todo está afectado. Nuestros dispositivos electrónicos replican el mantra «sean bienvenidos al mundo multidimensional» y futuro se hace imprevisible.
No hemos sido formados para lo que se nos viene encima. A decir verdad, no hemos sido formados para ninguna situación nueva. Bastó que ocurriera un accidente o que llegásemos a una determinada etapa vital –juventud, mediana edad, o madurez– para que todo lo que creíamos saber no sirviera en la nueva etapa. En la nueva situación poco importaron los méritos y reconocimientos de la vida pasada, el desfasaje se impuso y solo quedó la nostalgia.
El registro de identidad
El NH plantea que existe un conocimiento más profundo, no objetal. Se trata de un conocimiento abstracto y que estaría asociado un «centro de gravedad interno». Más que de conocimiento, sería más correcto hablar de una postura desde la cual se está mejor preparado para aceptar los grandes cambios.
En este nuevo emplazamiento nada estático sirve, ninguna idea, ningún dogma… El asunto es la actitud y no los preceptos de ningún movimiento, religión o lo que sea.
Se descubre que la identidad personal está asociada a representaciones etéreas y el destino personal es intuido a partir de la concomitancia de los fenómenos.
En otras épocas, muchas personas se reconocían en la búsqueda del sentido de la existencia y estaban dispuestos a jugarse la vida por una causa, al menos durante algún tiempo. Pero en hoy en día el espíritu de búsqueda ha sido barrido por la aceleración de los tiempos y se ha convertido en algo relacionado con el consumo: la nueva práctica de meditación, la nueva dieta, el nuevo «estilo de vida»… que pronto es reemplazado por otro.
A pesar de los desvíos, desde los tiempos de las cavernas la búsqueda de un destino personal profundo ha sido esencial para desarrollar un centro de gravedad interno capaz de dar orientación a la vida en cualquier situación.

El descubrimiento de los otros
Si una persona intuye en algún momento que su vida tiene un propósito, estará en condiciones de observar que las otras personas también lo tienen. Esto será básico para comprender que cada cual desarrolla su propio camino como puede, inconscientemente, según sus circunstancias.
Al descubrir y aceptar a los otros tal como se presentan se está en condiciones de construir algo conjunto, aceptando que la diversidad es fundamental en lo común.
El observador tendrá entonces la posibilidad de ver la evolución en su dinámica como una «matriz de n posibilidades progresivas divergentes», con una mirada no identificada respecto a sus derivadas.
La capacidad auto-organizativa
Una organización válida requiere de pluralidad en base a principios morales compartidos. La organización es un pacto voluntario para trabajar por un propósito colectivo que facilite el desarrollo de un propósito personal.
Cuando se desgastan y se olvidan los principios esenciales las organizaciones terminan disolviéndose. Hemos visto esta repetición a lo largo de 300 000 años, en un naufragio cíclico.
El sistema, con sus organigramas y edificios administrativos, ha logrado construir organización con principios económicos, pero sin comprender el verdadero significado de la auto-organización. Así, toda organización del sistema es externa.
Si todo depende del dinero como máximo valor, bastará que los integrantes encuentren mejor estímulo económico en otra parte para que traicionen a su organización.
Cabe señalar que se han mantenido en el tiempo estructuras secretas con principios étnicos, supremacistas o esotéricos, pero igualmente, fuertemente fundamentadas en lo económico.
El mundo capitalista ha temido siempre a todo aquello que no se basara en el dinero. El comunismo supuso un nuevo paradigma, basado en principios de justicia, de igualdad y de progreso para todos. Como sabemos, este modelo ideal no pudo sostenerse en el tiempo en la URSS, mientras que se mantuvo en otros países con mucha dificultad. No obstante, quedó en la historia como un gran intento evolutivo de la humanidad.

Ahora estamos asistiendo al fin de grandes organizaciones, ya sea la ONU, la UE, la OMS… en un efecto dominó que marca el fin de ciclo de un mundo que se esfuma. Estas formas vacías y podridas por dentro muestran la caída de algo más profundo: se trata de la misma esencia del entendimiento en un mundo externalizado. Ni siquiera entendemos lo mismo al enunciar: respeto, moral, derecho internacional o paz.
La memoria colectiva
La trasmutación evolutiva de la especie humana es realmente compleja. Según se mire es muy veloz, si manejamos una escala de tiempo de miles o decenas de miles de años.
Pero en una escala menor vemos que en determinados momentos de la historia la evolución parece detenerse, entonces, volvemos la vista hacia un pasado glorioso ante la dificultad para seguir avanzando. Así, los renacentistas volvieron la mirada hacia los clásicos de manera que aquel pasado idealizado se recreó para formular algo nuevo.
Rusia conmemora todos los años su victoria de 1945 contra el nazismo, y lo hace con mayor ímpetu en el siglo XXI. Es con el paso del tiempo que se capta el significado de aquello que otras generaciones se vieron empujadas a hacer para sobrevivir.
La memoria colectiva recrea el pasado para generar un nuevo impulso evolutivo desde una identidad común.
De otra parte, la proporción entre antigüedad y novedad debe estar acotada por el centro de gravedad interno de las personas, para que la nueva etapa sea auto-organizativa (o auto-sostenible).
El futuro
Haciendo una analogía con los sistemas inestables en física, tenemos en primer lugar a la termodinámica. El futuro basado en la inercia se corresponde con una visión termodinámica, la cual tiene unas leyes fijas de desestructuración progresiva, sin retorno al orden.
Pero también se ha demostrado experimentalmente que hay universo evolutivo más allá de la termodinámica. Se trata fenómenos que contradicen a la termodinámica, que a pesar de su rareza han sido esenciales en la evolución que nos ha traído hasta el momento presente. Es a eso es a lo que debemos proyectarnos.
Esto, que dicho así suena novedoso, se muestra evidente en las comunidades ancestrales que han sido capaces de construir un centro de gravedad común conectadas a la tierra. Lo vemos en su estilo de vida y en sus ceremonias.
Como no somos seres aislados, sino sociales, el reto auto-organizativo consistirá en ser capaces de construir estructura en cuyo proceso último se prescinda de un líder. Esto será prueba de que los miembros han generado un centro de gravedad interno autosostenible.
Un individuo con estas características, no importa si se encuentra aislado, estará en condiciones de reproducir la estructura.
Conviven distintos tiempos históricos en el presente y si en un momento A puede ser inspirador volver la vista atrás en un momento B puede resultar anquilosante. Lo importante será aventurarse al infinito con la mente abierta.
Hay un principio humanista que dice «ir contra la evolución de las cosas es ir contra uno mismo». Se enuncia con facilidad, pero no resulta tan fácil observarlo. Ha sido representado a través de un pollito que se hace grande, pero desea volver al cascaron en el que se gestó.
Cuando alguien evoluciona resulta involutivo aferrarse a las antiguas circunstancias que sirvieron para otro momento. La literatura nos da ejemplos de personajes que se negaron a aceptar la nueva situación, por ejemplo, a través de la construcción de un Frankenstein para no asumir la pérdida de un ser.
Sin duda, andar sin ámbito es emocionalmente complicado. La pérdida de algo se experimenta como carencia imposible de compensar en su nivel.
Siguiendo con la física, la situación equivale a un salto cuántico. El futuro abre un campo nuevo en otro nivel donde la partícula no es pasiva, sino que, según se observe, es una honda o viceversa.
En resumen, el principio humanista alude a que se trata de construir por uno mismo aquello que se anhela sobreponiéndose al sistema emocional inercial. Desde ahí es que podemos esbozar una respuesta a la pregunta ¿Qué podemos hacer?
Probemos a proyectar estas reflexiones hacia nuestro momento actual en descomposición social y que a menudo nos resulta tan horroroso.

Para superar esta etapa de descomposición social profunda será imprescindible la auto-organización personal y vecinal. Hay que aprender del pueblo palestino, que en situación de genocidio su respuesta es colectiva, con delincuencia cero.
De otra parte, las viejas tablas y los viejos dogmas ya no sirven, pero no hay que tirar todo el pasado a la basura, porque las naciones independientes del imperialismo hegemonista son clave de estabilidad frente al caos, y pueden mantenerse estructuradas merced a la cultura común.
Mientras exista la voluntad de supervivencia de las culturas la batalla de la luz sobre la oscuridad no está perdida.
El enemigo podrá cometer actos de terror y destrucción… pero no puede ganar. Lo único que puede hacer es declarar el fin del mundo, pero en tal caso su derrota también es segura. Mientras se demore este fatal desenlace será tiempo ganado a la espera de un atractor extraño que saque a la humanidad del momento del caos. Este fenómeno podría darse por la emancipación tecnológica.
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Fuente: Instituto Humanista de Pronosticación Sistémica
Autor: Javier Belda




