
La profesora Micaela Giuliano descarta las medidas punitivistas que impulsa la Provincia para hacer frente a las amenazas que afectan a las aulas. Opina que la tarea que tiene la escuela es siempre pedagógica: se trata de construir normas éticas.
“¿Y si viralizamos estudiar y cuidar la escuela?”. La idea está expresada como un desafío, otro diferente al que desde hace casi un mes es noticia diaria: las amenazas de tiroteos en las escuelas, los retos virales cargados de violencias. La compartieron estudiantes de la Escuela Paula Albarracín de Cañada de Gómez. Otros tantos adolescentes eligieron –de la mano de sus docentes– el mismo camino de la respuesta educativa.
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“El trabajo fundamental es político pedagógico, dentro de cada escuela”, opina la profesora Micaela Giuliano, convocada a analizar la situación de violencia que atraviesa por estos días la vida de las escuelas secundarias. Giuliano es cientista de la educación, docente en la Facultad de Humanidades y Artes (UNR) y del nivel superior en la provincia, además de secretaria de Nivel Superior de Amsafé Rosario.
“Los videos estudiantiles en los que las chicas y los chicos rechazan las amenazas, invitando a defender la escuela como comunidad –señala la educadora– son posibles porque hubo docentes que los habilitaron, lo trabajaron, y seguramente se trata de una tarea institucional”.
A esa acción pedagógica propia de la escuela la considera esencial y la diferencia de las decisiones punitivistas que impulsa el gobierno de Santa Fe, a través de sus ministerios de Educación y Seguridad (sanciones legales y económicas a las familias y estudiantes). “Esas decisiones no abordan el problema; entonces, luego de estos retos virales, aparecerá otra cosa. Se trata de construir legalidades, en términos de Silvia Bleichmar, normas éticas que sirvan de límites, en lugar de aplicar medidas punitivistas”, propone Giuliano.
La profesora advierte que la realidad social y económica, marcada por la precarización laboral, entre otras dificultades, atraviesa a las familias y a las docentes e impacta en la problemática. “Hay un corrimiento adulto de todos nosotros por esta crisis política, económica y social que a los pibes no les está permitiendo construir la autoridad como límite, pero como límite que habilita a una conversación, no como límite punitivista que obtura”.
Invita a quienes tienen la responsabilidad de educación y cuidado a hacer propio el tiempo de reflexión que, a diferencia del tiempo vertiginoso de los medios y las redes sociales, ofrece la escuela. “Hoy es esto de las amenazas, pero si no nos ponemos a pensar en construir la autoridad pedagógica, donde circule y se habilite la palabra, el mes que viene será otra cosa”, insiste la profesora Giuliano, y repasa que en algún momento fueron las amenazas de bombas a las escuelas, otras cortarse el propio cuerpo y ahora las amenazas que se escriben en los baños.
“Antes libros, ahora protocolos”
“Antes a las escuelas llegaban netbooks y libros de cuentos para regalar. Hoy llegan protocolos sobre qué hacer en caso de tiroteos. ¿Pueden imaginarse algo más triste que eso?, porque yo no”. Quien habla es la docente y poeta Marianela Saavedra; lo hace a través de un video difundido por Sudestada. Contundente, describe lo que en tiempos libertarios se vive en las escuelas y en la educación pública.
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El panorama es desolador si se piensa que el país está presidido por alguien que se regodea con la violencia todo el tiempo. “Tenemos un presidente que se ríe de los extranjeros, no de cualquiera sino de las y los bolivianos; que dice mogólico como un insulto y es aplaudido, porque también tiene hinchada; no es repudiado y no pasa nada. Y si a él no le pasa nada por qué le va a pasar a un pibe que entra con un arma”, señala Giuliano sobre el mensaje que dejan las expresiones de odio que todo el tiempo propaga Javier Milei.
Para la educadora, a esta situación se suma que en la provincia faltan “políticas educativas en serio, en lugar de programas comprados afuera para aplicar” sin mayores preguntas, como el Plan de Alfabetización Raíz. “Es preciso –explica– romper con estas políticas tecnocráticas y pensar en políticas públicas en relación con las y los docentes y las juventudes como sujetos de derecho”.
Son políticas –continúa– encaradas bajo las directivas de Fundaciones como Natura o Varkey, “que dejan afuera las diferencias, los trayectos educativos, las historias de cada pibe, de cómo aprenden”.
Giuliano marca la importancia de los Equipos de ESI (Educación Sexual Integral) y Socioeducativos, de quienes trabajan en territorio, a la vez que alerta que “no son los suficientes, no alcanzan”. Y vuelve con un pedido que entiende principal: La urgencia de “políticas públicas que piensen a la niñez, a las adolescencias, las juventudes y docentes como sujetos de derechos”, en lugar de las amenazas.
Los tiempos de encuentro para construir esa legalidad y normas éticas necesarias son decisivos. “No queremos protocolos en las escuelas, queremos sentarnos a charlar con la compañera porque es el tiempo que no tenemos”, dice la profesora sobre la importancia de recuperar las plenarias institucionales.
“Que el protocolo sea construir estrategias dentro de las escuelas”, propone. Y recuerda que para que eso sea posible el Ministerio de Educación debe dejar de insistir con los descuentos del presentismo y garantizar mejores condiciones de trabajo.
Ese mismo tiempo lo pide para las y los estudiantes y la comunidad en general. “Si es necesario parar las clases (planificadas) hay que hacerlo, y organizar jornadas de reflexión”, dice. El crimen de un niño de 13 años en manos de un compañero de 15, ocurrido el 30 de marzo pasado en San Cristóbal, es un antes y un después, hace impostergable ese pedido de diálogo y escucha.
El valor de la ESI
Entre las herramientas que ya tienen las escuelas, la Educación Sexual Integral (ESI) es indispensable para construir diálogo y confianza. Esta definición la ofrece la educadora Giuliano al resaltar el valor de “contar con el espacio y las horas necesarias para trabajar la ESI” en las escuelas.
Foto: Julia Oubiña | El Eslabón/Redacción Rosario
“Con menos ESI pasan estas cosas”, dice en relación a las amenazas y diferentes expresiones de la violencia; y se explaya: “Con la ESI se trabaja lo afectivo, los derechos, la diversidad, que no es solamente de género”.
En su análisis, invita además a “no subestimar la importancia que las juventudes les dan a las redes sociales, porque para ellas la realidad también es construida con las redes sociales”. Otra tarea que la escuela debe asumir.
La tarea
“Nadie pide un psicólogo por escuela”, reniega Giuliano de las declaraciones recientes del ministro de Educación de la provincia, José Goity, sobre un supuesto reclamo de las instituciones educativas. “No pedimos eso, en todo caso lo que se necesita es tener docentes bien pagos, que se puedan dedicar a lo que se dedican; familias bien pagas, que puedan trabajar”, afirma la educadora.
Y llama a pensar qué espacios les estamos dejando a las chicas y a los chicos, “qué presente tienen nuestros jóvenes cuando bajan la edad de punibilidad, les cierran las escuelas técnicas –en nuestra provincia está pasando eso– y se desfinancia la educación”.
“Hay un presente –agrega– que también los está dejando al margen, maltratando y violentando. Hay un sufrimiento subjetivo de esos jóvenes que es complejo y no se puede dejar de lado”.
Para la profesora de la UNR, es decisivo que se vuelvan a tejer los lazos con el barrio, con las familias, con los demás espacios como clubes y bibliotecas; y que las escuelas puedan hacer su tarea pedagógica. Es la salida.
Publicado en el semanario El Eslabón del 25/4/26
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