
Es psicoanalista y participa de un equipo de investigación. Estudiaron su propio cerebro y la neurofenomenología del estado visionario.
No recibió entrenamiento en meditación, desarrolló su técnica de expansión de conciencia de forma intuitiva. Charlamos con ella sobre conciencia, realidad y psicodélicos.
A los 24 años vio una forma amarilla en la pared que nadie más podía ver. Hoy, más de una década después, entra en estados visionarios a voluntad y un equipo del CONICET le mide el cerebro mientras tanto. Agustina Velez Picatto es psicoanalista e investigadora del grupo IIPSI en el CONICET-UNC. En febrero de 2026, la revista NeuroImage publicó el paper que registra qué pasa en su cerebro cuando lo hace.
Para entender por qué eso importa, hace falta un poco de contexto.
La neurociencia lleva décadas intentando mapear lo que ocurre en el cerebro durante estados no ordinarios de conciencia: psicodélicos, meditación profunda, trance, hipnosis. El problema es casi siempre el mismo: los métodos que producen las experiencias más ricas son los más difíciles de controlar en el laboratorio. Un estudio con psilocibina o LSD genera fenomenología extraordinaria, pero la trayectoria de la experiencia varía entre personas y entre sesiones, y los efectos fisiológicos del fármaco complican la interpretación de los datos cerebrales.
Los estudios con meditadores expertos evitan ese problema, pero requieren años de práctica formal y la reproducibilidad de los estados internos sigue siendo irregular. El Instituto Max Planck estudió con resonador a 15 chamanes en trance durante tambores rítmicos; hay un caso documentado de una sanadora tradicional en Canadá; hay estudios de trance autoinducido cognitivo en Bélgica. Son piezas de un rompecabezas que todavía no cierra.

“Los cimientos de mi existencia se estaban modificando. Las coordenadas espaciales de mi vida estaban cambiando.”
LE: ¿Ves los patrones geométricos que se ven con ciertos psicodélicos?
AVP: Sí. Yo puedo verlo cuando quiero. No es algo que irrumpa. Y cuando empezó a aparecer la red hexagonal, me pregunté ¿qué más puedo ver?
Nunca con miedo, pero sí con cierto vértigo. Los cimientos de mi existencia se estaban modificando. Porque esto tenía tal presencia… las coordenadas espaciales de mi vida estaban cambiando. Es un estado donde no se discierne donde comienza y dónde termina el interior y el exterior. Empecé a ver más cosas. Hasta que a los años probé hongos. Y me lo potenció, incluso luego ya sin sustancias. En esos momentos yo tengo una sensación de comunión con todas las cosas muy grande, como si mi Yo perdiese todos sus bordes. Pero no por tratarse de “un Yo débil”.
Mucho se dice que el Yo o el Ego es un “impedimento”. Para mí todo lo contrario, para estas cosas, tiene que estar lo suficientemente fuerte, para no entrar en pánico…“Al entrar en el estado de conciencia plena, la experiencia se estabilizó en un vívido modo visionario acompañado de una profunda calma, expansión espacial y límites corporales atenuados.
Describió un «presente eterno», un flujo temporal continuo con mínima segmentación. A lo largo de las sesiones, el motivo fenomenológico más estable fue la red hexagonal junto con pulsos violetas rítmicos. A medida que el estado se profundizaba, emergieron escenas oníricas lúcidas: paisajes, horizontes e interacciones con figuras imaginadas se sentían vívidamente presentes (…)
La modulación multisensorial también fue común, en particular la manipulación deliberada del tono y timbre del escáner, que describió como estirar o modular el sonido «como chicle».
En varias sesiones, describió cuadrículas cúbicas, estructuras laberínticas y patrones geométricos altamente organizados que se asemejaban a la geometría sagrada.”
LE: ¿Trabajaste en tu terapia personal sobre estos estados?
AVP: No llevé estas cosas a terapia. Tuve muchos recaudos. Son cosas que rápidamente pueden tomarse como “alucinaciones”. Era una experiencia muy mía y quería atravesarla, descubrirla yo, armarle un marco teórico. Me encanta la física, leo mucha física. Para mí va unida a la filosofía y a la conciencia.
Entonces me guié desde otras disciplinas. Era un estado nuevo mío, y yo quería ver qué significaba, para mí, por mi cuenta. No obstante, cuando empezamos con el estudio, tuve que pasar por una entrevista psiquiátrica para descartar que se tratara de alucinaciones. No era eso, ¡pero tampoco sé qué es! En fin, soy una neurótica más. Pero preferí ir por mi cuenta, escribiendo, pensando, haciendo correlaciones con lo que trabajaba en terapia. Es un asunto complejo que toca los límites de ciertas disciplinas y modelos.

Diálogo entre las grandes autopistas del cerebro. El gráfico muestra los mapas de conexión de cuatro redes esenciales: la visual (a), la del movimiento corporal (b), la de la atención ejecutiva (c) y la del ‘detector de urgencias’ o saliencia (d). Los colores revelan qué zonas se activaron al unísono con una ‘semilla’ o punto de partida, filtrando solo las señales cerebrales estadísticamente más robustas.
LE: ¿Has podido teorizar formalmente acerca de estos estados y experiencias?
AVP: Estoy trabajando en un modelo que conceptualiza el psiquismo como un sistema dinámico organizado en red, capaz de atravesar procesos de reorganización estructural. La idea central es que los cambios relevantes en la conciencia no se reducen a variaciones de contenido o intensidad, sino que implican modificaciones en la forma en que se organiza la experiencia. En este marco, propongo que el psiquismo puede adoptar distintos modos de organización, definidos por su nivel de coherencia interna, su relación con la falta y el grado de integración entre sus procesos. Estos modos no son etapas lineales, sino configuraciones dinámicas entre las que el sistema puede desplazarse. Uno de los conceptos centrales del modelo es la elasticidad del psiquismo, entendida como la capacidad del sistema para reorganizar su arquitectura, sostener la apertura frente a la experiencia y mantener coherencia sin depender exclusivamente de estructuras defensivas rígidas.
LE: ¿De qué disciplinas has echado mano para ir componiendo este modelo?
AVP: El modelo se construye a partir de una articulación entre distintos campos. Por un lado, retoma desarrollos del psicoanálisis, especialmente en lo que refiere a la noción de estructura, la función del Yo y la relación con la falta. Por otro lado, se apoya en perspectivas de las ciencias cognitivas y la teoría de sistemas dinámicos, permitiendo pensar tanto el psiquismo como el cerebro en términos de redes en interacción y procesos de reorganización. También incorpora una dimensión fenomenológica, en la medida en que busca dar cuenta de la experiencia subjetiva de estos procesos, no solo de su formalización teórica. El objetivo no es superponer teorías, sino construir un marco que permita articular distintos niveles de análisis sin reducir unos a otros.
LE: ¿Hay aportes, investigadores o autores concretos que puedas mencionarnos?
AVP: David Bohm, con su noción de orden implicado y su forma de pensar la realidad, no como un conjunto de elementos separados sino como un sistema de relaciones dinámicas. Heisenberg y Schrödinger han contribuido a poner en duda concepciones clásicas de objetividad y a introducir una comprensión más compleja del vínculo entre observador y realidad. Esto me llamó la atención porque coincidía con ciertas ideas que traía yo desde hace tiempo.
El tema de la interdependencia siempre me resultó estimulante, en particular el entrelazamiento cuántico, que muestra que ciertos sistemas no pueden describirse completamente como entidades independientes, sino que sus estados estarían correlacionados de un modo que no se reduce a sus partes aisladas.
Desarrollos más contemporáneos en física teórica, como los de Stephen Hawking y Roger Penrose, me han ampliado los horizontes para pensar la relación entre mente, universo y estructura de la realidad.
Desde de la filosofía, Platón y Aristóteles también han sido relevantes. En Platón, la tensión entre lo Uno y lo múltiple como problema fundamental sobre la unidad y la diversidad de la realidad, me resultó fuertemente sugerente para pensar la relación entre integración y diferenciación en el psiquismo. En Aristóteles, la noción de hilemorfismo (la idea de que toda sustancia está compuesta por dos principios esenciales, la materia y la forma) me dio un marco para pensar la organización del sistema no como suma de elementos, sino como configuración estructurada.
También Nietzsche con su perspectiva crítica sobre la construcción de la verdad y la interpretación… Krishnamurti con sus interrogantes profundos sobre conciencia, percepción y la fragmentación del pensamiento. Esto es un pantallazo, y me quedo corta con la respuesta. No quiero dejar de nombrar la música, que siempre me acompaña…
LE: ¿Se integran estas experiencias tuyas (y su estudio) con tu práctica profesional como psicoanalista, de alguna manera?
AVP: Yo hago psicoanálisis, y no soy ortodoxa. Pero no creo que se pueda hacer un paralelismo uno a uno del psicoanálisis a este tipo de estados. El psicoanálisis me ha servido para hacer de mi yo algo firme pero permeable, en mí. Pero en mi práctica psicoanalítica no uso mis asuntos relativos a los estados expandidos de conciencia. Elegí trabajar desde el psicoanálisis porque me gusta su lectura, su propuesta. Pero la cuestión de los estados de conciencia va por otro lado. Respecto a eso, escribo mucho, pienso e intento formalizar, bajarlo a tierra. Pero no lo agrupo con el psicoanálisis. Aunque sí quizá me sirven esos estados, en mi trabajo, para poder estar permeable a la escucha.
“Siempre voy a la sensación del límite y muevo la valla un poquito, ampliando el campo de la experiencia.”
LE: ¿Qué experiencias has tenido con psicodélicos?
AVP: He tenido con honguitos, LSD y fumando DMT. La experiencia con este último me ha sumergido inmediatamente a otro plano de experiencia, donde no hay mucho para procesar en el momento sino que es vivencia pura.
El pensamiento ahí pasa a un segundo plano, quizá recién aparece luego en la integración de la toma. En cambio, los otros dos, me posibilitan el procesamiento y reflexión, en el momento, del asunto que me ande dando vueltas, como también de una experiencia en sí misma muy gratificante de ampliación.
Las experiencias siempre fueron en ocasiones para la exploración de la conciencia, con esa intención. La trama, la red de la que hablábamos antes, también se manifiestó de forma clarísima. Y siempre lo que suelo hacer es, habiendo llegado a un punto de introspección donde, si siento que dando un paso más me voy al abismo… entonces doy medio paso. Como llevando al borde la experiencia. Intento expandirla. Eso es lo que hago en general en mi vida.
Siempre voy a la sensación del límite y muevo la valla un poquito, ampliando el campo de la experiencia. No es que sea una recomendación, es lo que yo hago.“La fenomenología fue notablemente consistente a lo largo de las 20 sesiones. La red hexagonal y el pulso violeta aparecieron en todas las sesiones, y la mayoría presentó variaciones de estructuras geométricas, distorsiones de profundidad, expansión corporal o imágenes oníricas. Esta reproducibilidad, junto con la descripción microfenomenológica detallada, respalda la interpretación de que el NOC de AVP es un estado estable y de acceso voluntario con una estructura experiencial bien definida, adecuado para la investigación neurofenomenológica sistemática.”
LE: ¿Cual es el horizonte ahora con el grupo de investigación?
AVP: Entre algunas cosas que queremos hacer, está poder registrar qué pasa en mi cerebro cuando sustraigo de mi percepción algún objeto de mi campo visual. Es otro de los fenómenos que experimento activamente: puedo eliminar objetos de mi campo sensorial.

El dato más revelador aquí es el comportamiento de la red visual (en color violeta). Durante la condición NOC y en el estado Residual posterior, esta red aparece notablemente aislada del resto del cerebro, casi como si la mente hubiera “bajado la persiana” al procesamiento externo, incluso sin estar en un estado de meditación activa. La sección (b) utiliza “cerebros de cristal” para mapear con precisión quirúrgica dónde ocurrieron los cambios estadísticamente significativos en tres momentos clave del experimento.
Los hallazgos
El grupo concluye que la estabilidad del estado de AVP a lo largo de 20 sesiones lo convierte en un modelo valioso para estudiar la conciencia sin los problemas que traen los psicodélicos: con sustancias, la experiencia es difícil de controlar, varía entre personas y entre sesiones, y en los momentos más intensos la persona muchas veces no puede reportar lo que está viviendo. Todo eso complica saber qué parte de lo que se ve en el cerebro corresponde al estado mental y qué parte es efecto directo del fármaco.
El cerebro de AVP esquiva ese problema. Y tiene otra particularidad: su sinestesia —la capacidad de asociar letras y números con colores desde la infancia— podría no ser un dato menor. Los investigadores sugieren que esa organización neurológica inusual puede facilitar la aparición de imágenes vívidas y la integración entre sentidos, y que AVP funcionaría como un “modelo natural” de acceso a estados visionarios complejos: alguien cuya neurobiología ya está configurada de una manera que hace posible lo que para otros sería imposible sin sustancias.
El hallazgo más saliente es que durante el trance las redes cerebrales no colapsan ni se hiperconectan —como ocurre típicamente con los psicodélicos— sino que se reorganizan: algunas se desconectan del mundo exterior y otras refuerzan su comunicación interna. El cerebro se repliega hacia adentro sin perder coherencia.
Los propios investigadores son explícitos sobre los límites de lo que pueden afirmar: este es un estudio de caso único, no generalizable. AVP es una persona con capacidades poco comunes y sus resultados no describen cómo funciona la conciencia en general. Lo que el paper sí ofrece es una demostración metodológica: que es posible estudiar estados visionarios con rigor, sin sustancias, y con datos fenomenológicos y neuronales al mismo tiempo. Una puerta, no una respuesta.
La descarga del paper completo puede hacerse desde aquí.


