Después del Coronavirus ¿queremos que el mundo de mañana sea igual al de ayer?

El miércoles 18 de marzo, a las 21 horas, el Rey de España habló en todas las ondas de la península mientras que en las ciudades resonaban las cacerolas de desaprobación

El monarca concluyó su discurso diciendo: «Todo irá bien, volveremos a la normalidad como antes, sólo estamos viviendo un paréntesis.”

¿Pero queremos volver a la normalidad de antes? ¿Queremos volver a un mundo en el que, desde hace mucho, mucho tiempo una minoría impone a todos los demás, por la tiranía económica, un modelo de sociedad injusto, violento y corrupto?

Esta minoría ha demostrado que no comparten, que se consideran superiores, que ellos tienen todos los derechos y nosotros todos los deberes. Entonces, ¿queremos volver a estas normas impuestas?

Últimamente, el horror de este sistema parecía cada vez más difícil de camuflar, pero la máquina infernal nos parecía invencible, difícil de sacudir, imposible de derribar; una fuerza demasiado grande frente a nuestros miserables medios.

Pero recientemente las cosas han estado cambiando, como si los dioses vinieran al rescate ante nuestra impotencia. Un virus está sembrando el pánico en todo el planeta y los engranajes económicos -que hacen nuestra desgracia- pareciera que se están paralizando. Los mercados bursátiles están colapsando, los financieros están entrando en pánico… ¡Pero estos no son nuestros valores!

La epidemia es despiadada y mata principalmente a los viejos, el mundo del pasado, y toca poco a los niños, el mundo del futuro. ¿Es esto un mensaje, una advertencia? ¿Es un presagio de que el mundo cambiará y que no volveremos a la normalidad que se ha perdido? Es lo que sienten y temen los que aún llevan las riendas.

En cualquier caso, hoy debemos ayudar a los ancianos y a los más débiles, ayudar a los que ya no sirven para nada en este sistema inhumano y que están en la antesala de la gran partida. Debemos poner toda nuestra energía en cuidarlos y aliviarlos, como muestra de nuestra buena voluntad para los nuevos tiempos, para decir que dar es más importante que recibir.

¿Queremos que este sistema brutal vuelva y nos aplaste? ¿Es hora de decir «¡Basta!”? ¿No es esta una oportunidad para recuperar valores dignos? Tal vez es una advertencia para limpiar, borrar y reconciliar.

No hemos provocado nada, ni por las ideas ni por los sentimientos, pero estamos tocados en el cuerpo, en lo esencial, en la base. ¿No es esto también un mensaje?: la salud para todos es una de las principales prioridades.

Este mundo está enfermo porque hay personas de mala voluntad, competentes sólo en sus pequeños asuntos, individualistas, poco imaginativas e inspiradas, esas personas están obstaculizando nuestro destino e impidiéndonos evolucionar, y todo con el fin de preservar el orden establecido, hecho por y para ellos.

Estemos atentos, después de la tormenta no volvamos a este mundo de sufrimiento, aclaremos qué clase de mundo queremos, en qué condiciones queremos vivir y contemos con personas de buena voluntad, competentes, altruistas, ingeniosas, inspiradas, capaces de dar una nueva dirección a nuestro mundo. ¡Ellos son muchos! ¡somos muchos!

Desde España por: Observatorio de la No-Violencia  / PRESSENZA.COM

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