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Una investigación asegura que las flores tienen la capacidad de “escuchar” el zumbido que emiten las abejas y generar estrategias para asegurar su supervivencia.
A diferencia de las hormigas y las avispas, las abejas dependen de las flores para alimentar a sus crías; consiguen el alimento del polen de los antófilos (hoja o pieza floral) y por eso se les llaman antófilas.
Son un grupo bastante diverso por su relación con las flores, las cuales son dominantes en el mundo vegetal. Se puede establecer que hay abejas solitarias y sociales, y entre más de 20.000 especies, muy pocas de ellas son solitarias.
Entre las sociales más conocidas están las abejas sin aguijón –que lo perdieron en su evolución, por eso no pican– y se conocen como “angelitas”, y los abejorros, que habitan los páramos y por eso son el símbolo de este ecosistema en Colombia, para el cual son vitales.
La naturaleza ofrece un sin fin de sonidos, y aparentemente todos cumplen una función. Pese a que todavía se desconocen varios de estos mecanismos, se sabe que existe una conexión entre plantas y animales para asegurar la supervivencia de ambos.

Un estudio de la Universidad de Tel Aviv publicados en la revista bioRxiv. pudo comprobar uno de estos casos, se trata de la relación entre abejas y flores. Las flores son capaces de “escuchar” el zumbido de las abejas y en respuesta elaboran un néctar más dulce para atraerlas y asegurar su evolución.
Las flores analizadas en la investigación fueron una variedad de prímulas (Oenothera drummondii). Esta planta reaccionó incluso a los estímulos artificiales de frecuencia similar al de las abejas, generados por el equipo de expertos. En solo 3 minutos la flor de prímula aumentó el dulzor de su néctar. Esta estrategia de la planta, aumentaría las posibilidades de polinización cruzada.
Flores, orejas de las plantas
Las flores como órgano vegetal, entre otras cosas, cumplirían la función de los oídos en el reino animal. Reaccionan a frecuencias específicas con distintas adaptaciones.
Además de su reacción al zumbido de las abejas, los investigadores también encontraron que las flores vibraban mecánicamente en respuesta a otros sonidos como el viento. Esto sugiere un mecanismo de la flor en el que en sí misma sirve como un órgano sensorial auditivo.

Dados estos hallazgos, los investigadores teorizan sobre la posibilidad de que los sonidos emitidos por la actividad humana, también sean un factor influyente en las flores.
Finalmente, los investigadores concluyen diciendo que la capacidad auditiva, no se limita a los oídos, sino que tiene que ver con vibraciones que se interpretan de distintas maneras. Existen insectos que escuchan a partir de la captación de vibraciones en sus antenas. Así las flores también podrían escuchar todo a su alrededor.

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Fuente: NuestroClima.com