
PRESSENZA – Humanismo y Espiritualidad.
En una serie de artículos, he explorado la cuestión del “sentido de la vida” y lo diferente que es de simplemente perseguir bienes materiales. Permítanme abordar el tema desde otro ángulo.
Nos hemos vuelto extremadamente racionales acerca de lo que creemos que es posible. Hemos construido una imagen interna de lo que se puede y no se puede hacer en este mundo, qué se puede cambiar, qué no se puede transformar, qué se encuentra dentro de nuestra capacidad individual y colectiva y qué hay más allá de él.
Pregúntenle a la mayoría de la gente si quieren paz en el Medio Oriente y dirán que sí. Pregúntenles si creen que la paz es posible, muchos dirán que no.
Aquí radica una profunda contradicción. Ya no creemos en nuestras propias aspiraciones.
Esta brecha entre lo que anhelamos y lo que creemos que es posible crea una fractura interna silenciosa. Normalizamos la violencia. Racionalizamos la desigualdad. Aceptamos el caos como inevitable. Lo llamamos “ser realista”.
Se nos dice que la pobreza es natural, que la guerra es inevitable, que la injusticia es compleja y, por lo tanto, permanente. Pero la pobreza no es algo creado por los pobres, y hacerse rico no es la solución a la pobreza. Tratar de abordar los problemas estructurales de manera individual solo enmascara el problema más profundo.
El desarrollo humano nunca se ha basado meramente en la capacidad percibida. Ha sido impulsado por la aspiración. Cada gran transformación comenzó como algo que parecía imposible.
El sentido de una vida depende en gran medida de las aspiraciones que uno tiene para el futuro. Y la felicidad está profundamente conectada a la distancia entre esas aspiraciones y su realización.
Las crisis actuales no son solo el cambio climático, la guerra y la pobreza. Hay una brecha cada vez mayor entre nuestras aspiraciones y la creencia en nuestra capacidad para cumplirlas.
Nuestra energía interna ha sido secuestrada por fuerzas externas —sistemas económicos, narrativas políticas, distracciones tecnológicas— convenciéndonos de que es más seguro reducir nuestras aspiraciones que luchar por ellas.
Ser humano es mantener vivo el fuego de las aspiraciones.
Fuente: PRESSENZA.COMLeer más

