
En el contexto de la celebración del 24 Congreso de la Red Mundial de Renta Básica (BIEN, por sus siglas en inglés), que está teniendo lugar en Brasil, la Red Humanista por la Renta Básica Universal e Incondicional, ha organizado este 28 de agosto un panel titulado «Universalidad de la renta básica, solidaridad económica y cambio cultural».
El mismo ha sido coordinado por Cris Weber y ha contado con la participación como ponentes de Eduardo Alves, presidente de Viva Río y colaborador de Pressenza; Juana Pérez Montero, redactora y editora de esta agencia, y Sérgio Mesquita, funcionario público jubilado y trabajador en el Instituto de Ciencia, Tecnología e Innovación de Maricá (Brasil) y colaborador de Pressenza.
Compartimos la ponencia de Juana Pérez Montero.
PONENCIA
Desde nuestra mirada humanista y a partir de la experiencia acumulada, la implementación de una renta básica implica un cambio de valores y creencias, es decir, una nueva cultura. Una cultura que ponga en el centro la vida y la liberación de las personas. Esto supone abogar por relaciones solidarias, que se traducirán -si lo referimos al tema que hoy nos ocupa- en la defensa de la existencia material garantizada para toda la Humanidad, dado el mundo globalizado en el que vivimos.
Pero ¿Por qué decimos que implica un cambio de cultura?
Porque, después de años defendiendo y trabajando con esta propuesta, hemos corroborado que los argumentos y resistencias que se presentan para su implementación tienen su raíz en las bases de nuestra cultura occidental.
Veamos algunos, solo algunos, de los argumentos y hechos que hemos escuchado y visto
- Que no hay suficiente dinero para implementarla… (argumento que utilizan los poderosos y que hemos hecho nuestro) … sin cuestionar su enriquecimiento.
- Que es necesario ganarse el derecho a tener la existencia material garantizada… algo que en los libros sagrados se explica como “Ganarás el pan con el sudor de tu frente…” mandato del cual parece que han quedado liberados quienes heredan, quienes acumulan a costa de la vida de los otros, etc. en un ejercicio extraordinario de “meritocracia”
- Asociar la dignidad de las personas al empleo, cuando el ser humano es digno por el hecho de haber nacido tal…
- La culpabilidad y estigmatización que sienten muchas personas al recibir ayudas, sintiéndose inferiores y que manifiestan cuando comienzan a escuchar hablar de renta básica. Esto lo hemos comprobado en numerosas ocasiones, trabajando con sectores de población muy carenciados, que -de comienzo- lo experimentan como una ayuda caritativa más. Recomendamos -por cierto- el libro “Contra la caridad. A favor de la renta básica”, de Daniel Raventós y Julie Wark.
- Otra resistencia es la constatación de ciertos sectores políticos a la puesta en marcha de una RB (Brasil, Cataluña…). Servidores tales políticos del poder económico, y que prefieren ejercer la caridad para mantenernos dependientes… todo lo contrario a la defensa de derechos para su población y a generar condiciones para irnos liberando de violencias, dolor y sufrimiento, en definitiva…
Podríamos seguir con argumentos en contra… pero concluiremos que todos responden a la cultura en la que vivimos y al sistema que la mantiene -aunque se esté desmoronando, – y que ha funcionado porque toda la población o la gran mayoría ha asumido un mismo relato, que tiene como base un mito.
Ese mito -como tantos mitos- comenzó siendo religioso y como bien conocemos, habla de un dios externo, que está arriba, alejado de los comunes mortales, que te juzga y castiga si no respondes a lo que él te impone y que te expulsó del paraíso por querer imitarlo pero que, si haces lo que dice, no solo te ganarás la eternidad por buena persona sino que serás digna… como apuntábamos antes.
En base a este mito, se ha desarrollado toda la organización social que conocemos, en la que unos pocos “elegidos” ubicados arriba, en la pirámide social, han decidido sobre la mayoría social, sometiéndola y objetivándola, negándole su intencionalidad, su humanidad.
Y ¿en qué ha quedado todo esto hoy, cuando ese dios ha caído para muchos, la sociedad se ha desacralizado y lo que ha quedado es un sistema en el que el dios dinero está por encima de todo? Se traduce en un “dios” representado por un grupo de mil millonarios, fundamentalmente ligados al campo de las nuevas tecnologías, IA, al armamentismo, la industria farmacéutica, la alimentación… un grupo sin escrúpulos que decide y termina con democracias, genera guerras, empobrecen a las poblaciones y deja morir de hambre a millones de personas, y que está haciendo retroceder derechos fundamentales a toda velocidad, un grupo que está llevando al desastre a toda la humanidad.
Amigas, amigos… estamos ante un problema porque los avances tecnológicos han cambiado la realidad externa, destruyendo cada día más empleos. Ya no se sostiene -entonces- ese modelo que ha permitido que la mayoría social hayamos asumido como nuestro el relato del poder, en un ejemplo de Síndrome de Estocolmo colectivo, por cierto. Ya es insostenible. ¿Y que pasará si no tenemos empleo, dejaremos de ser dignos? ¿hemos de asumir que moriremos o morirán de hambre millones y millones de seres humanos por falta de empleo…?
NO. De ninguna manera. Lo bueno de todo ello es que esa realidad externa cambiante también nos ofrece enormes posibilidades. Porque no habrá empleos para todos, pero hay recursos para que toda la humanidad viva en condiciones de vida digna, producto -por cierto- del aporte de todas las generaciones que nos han precedido y del aporte que hace hoy la humanidad entera
No sé si se dan cuenta de que hoy estamos ante la posibilidad de liberarnos de la esclavitud del empleo y poder dedicarnos a aquello que sentimos que nos hace desarrollarnos como personas y que, además, posiblemente, sea más útil a la comunidad (los cuidados, el trabajo artístico, el trabajo solidario…). Cuidado, no estamos en contra del empleo ni de que alguien quiera enriquecerse a través del empleo, no. Lo que decimos es que no habrá empleos para todos.
Entonces, el problema, como planteaba el pensador humanista y universal Silo, no es si hay o no empleo, “¡que trabajen las máquinas»” como él decía, el problema es la distribución de la riqueza.
Esto implica una nueva cultura, que se apoyará en un nuevo mito, que se irá develando y que iremos construyendo. Un nuevo paradigma que -desde nuestra particular mirada- ya empieza a manifestarse de distintos modos.
No nos atreveremos a desarrollarlo pero algunos de los elementos o características de ese nuevo paradigma, de esa nueva cultura, ya están aquí y lo vemos en sectores diversos. Enunciaremos algunos elementos que percibimos:
- Poner en el centro la Vida, por tanto, poner en el centro la vida de las personas y su liberación y, como no puede ser de otro modo, el cuidado de la casa común, del planeta.
- Una nueva cultura que haga suyo el principio moral más importante, que es común a distintas culturas en la historia, y que los humanistas enunciamos como “Trata a los demás como quieres que te traten y ello te libera”
- Esto implica poner en el centro también relaciones de solidaridad en todos los campos, empezando por el económico y todo lo relacionado con asegurar la existencia de cada persona que habita este planeta.
- Y Para ello, es fundamental implementar medidas que lo hagan posible, como una renta básica… medidas que se garantice como derecho universal, el primero de los derechos, el derecho a la existencia material garantizada, como defendemos los humanistas.
Pero no podemos quedarnos en defender -como apuntábamos al comienzo- la renta básica para un país, una región…
En un mundo globalizado y, al mismo tiempo, en un momento de enorme desestructuración, en el que los individuos han quedado aislados y abandonados a su suerte, desalentados ante la falta de futuro … abogar por una renta básica universal para toda la Humanidad es romper con la mirada nacionalista, que responde a la realidad de otro momento histórico; es defender los DDHH para todas y todos, es apostar por la justicia social y la redistribución de la riqueza para todas las personas, al tiempo que implicaría comenzar a reparar la deuda económica, social y moral que el norte del planeta tiene con el sur, a quien ha expoliado y sigue haciéndolo.
Esta mirada universalista supone estar dispuestos a cuestionar las fronteras, que solo sirven para separar y dividir a los pobres.
Amigas, amigos, amigues, necesitamos imágenes y proyectos que nos saquen de defender únicamente lo que nos están quitando, que nos saquen de la grisura y el temor paralizante que embarga a millones de seres humanos. Necesitamos imágenes grandes, trazadoras del futuro al que aspiramos la mayoría de las personas. Un futuro sin violencia, empezando por eliminar la violencia económica, y siguiendo por todas las demás.
Imaginemos por un momento lo fácil que sería financiar una renta básica únicamente con una parte de los presupuestos militares -hoy tan en crecimiento- y que se están empleando en matar y amedrentar al planeta entero.
Imaginemos cuánto dolor y sufrimiento se eliminaría de un plumazo contando con una renta básica: la pobreza, la esclavitud, el trabajo infantil, el matrimonio infantil, las dependencias por género y un largo etcétera.
Atrevámonos a imaginar las condiciones en que queremos vivir, el futuro brillante que nos merecemos… y trabajemos juntas por ello.
Muchas gracias.
Juana Pérez Montero
Nota Original en: PRESSENZA.COM