
La ocupación de los astilleros de Gdansk (Polonia), en 1980, duró 18 días; y también en 1980, los metalúrgicos mantuvieron plantón en las puertas de Mirafiori (la planta de Fiat en Turín) durante 35 días.
La huelga de los mineros ingleses entre 1984 y 1985 duró exactamente un año.
El plantón diario, en la Piazza Duomo de Milán (en protesta silenciosa, por la guerra en Gaza), entra hoy en su decimocuarto mes.
Manos Rojas Antirracistas mantiene un plantón frente al Viminale (la sede del Ministerio del Interior italiano) todos los jueves, desde hace ya ocho años.
El movimiento “No TAV” (no a la línea de alta velocidad) lleva más de treinta años en movilización permanente.



A veces estas movilizaciones han sido derrotadas y durante años se han pagado las consecuencias; otras veces han logrado avances a su favor, pero no existen alternativas.

Si se quiere hacer frente a la política de rearme de la Unión Europea, si se quiere impedir una guerra global en Europa, si se quiere tener un estado social decente y pensiones y salarios dignos, no hay atajos: la movilización permanente es el único camino.

¡No somos números!; ¡Somos voces!; ¡El gobierno tiene obligación de escucharnos, y no permanecer en silencio!
Se puede ganar, se puede perder, pero si no se intenta organizar las esperanzas en una lucha de larga duración, la derrota está ya escrita y las consecuencias serán devastadoras.
Decía Ernesto Che Guevara, cuya imagen he visto aparecer también aquí, en Tirana: «El que lucha puede perder, pero el que no lucha ya ha perdido.»
Los manifestantes que animan las protestas en Albania saben que se enfrentan a un muro de goma, a un poder arrogante y sordo.
Saben que su lucha puede ser larga. Saben también que incluso la victoria en el referéndum, para el que se han recogido más de veinticinco mil firmas en un solo puesto en Tirana (la mitad de las que harían falta antes de mediados de noviembre), podría acabar siendo anulada mediante nuevas leyes aprobadas por un Parlamento firmemente en manos de los dos compinches, Edi Rama y Sali Berisha. en manos de los compinches, Edi Rama y Sali Berisha, los dos grandes referentes del poder político en Albania.
No sería la primera vez. Ya ocurrió en Italia con el agua pública (que se privatizó pese al resultado del referéndum), y como hoy se intenta sortear el mandato de los referéndums que rechazaron la energía nuclear.
La corriente va en dirección contraria a la nuestra, y sabemos que basta con dejar de avanzar para que nos arrastre hacia atrás, retrocediendo incluso en derechos que erróneamente dábamos por “adquiridos”.
No queda otra que seguir nadando a contracorriente, con tenacidad.
La lección que hoy nos llega de Albania es que incluso una minoría, cuando tiene razones válidas y sabe ser coherente, creíble y tenaz, puede desencadenar un movimiento de masas capaz de cambiar el rumbo de la Historia.
Como dicen los activistas del “No TAV” de Valsusa (el valle piamontés en Italia, epicentro del conflicto respecto al TAV, el ferrocarril de Alta Velocidad), —»Será duro», y quienes nos gobiernan no nos lo pondrán fácil.”
Mauro Carlo Zanella
Agencia Internacionl PRESSENZA Original
Posted By GGF Universal Feed Importer on julio 19, 2026

