
Gran cantidad de público en la fiesta donde imperó la danza nacional mezclada con lo mejor de los bailes croatas.
Un festejo bien argentino. Así fue la tercera noche de la Fiesta de Colectividades, en la que se celebró el Día de la Tradición. En el escenario central actuaron cantantes locales y el broche de cierre lo dio el Ballet Municipal de Danzas Argentinas. Hubo un grupo que se coló, pero valió la pena: fueron 50 bailarines que llegaron desde Croacia con el brillo de sus trajes para participar del XVIII encuentro de la feria, la más importante de Rosario. El stand de Argentina se vistió para la ocasión: se vendieron desde artesanías, hasta empanadas y asado, ropa usada y objetos antiguos.
Tal como pasó en las dos primeras noches, una gran cantidad de público se acercó ayer al Parque Nacional a la Bandera. Además de probar las comidas típicas de las distintas colectividades, muchos se entretuvieron con los shows que hubo en el escenario mayor.
Es que anoche se presentó el grupo folclórico Lindjo, proveniente de la ciudad croata de Dubrovnik, con 52 bailarines en escena y música en vivo. Lo que más se destacó de este grupo de danza, creado en 1964, fueron sus trajes multicolores y el veloz movimiento de sus pies; el público quiso imitarlos pero cayó rendido.
Como la fiesta es precisamente una diversidad de razas y colectividades, los croatas les dieron paso a los músicos criollos y al ballet de danzas argentinas. Con estos artistas, se celebró anoche el Día de la Tradición, algo que no falta en ninguna edición del encuentro popular.

Se preparó como buen anfitrión. Instalado en dos galpones portuarios, el espacio nacional se convirtió en una mezcla de ferias. Allí se juntaron parte de las muestras que se exhiben todos los fines de semana en Pichincha y donde se puede comprar ropa usada, todo tipo de artesanías y objetos antiguos.Hubo lugar para el Paseo de las Artes, donde se expusieron obras de artistas locales y otro para los productos de las huertas: allí se exhibieron licores, jaleas y huevos de codorniz.
La explicación de esa sumatoria de ferias la brindó Dante Taparelli, como representante de la Secretaría de Cultura de la Municipalidad. «Cuando los inmigrantes llegaron hace cientos de años tuvieron que empezar de cero. Y eso fue justamente lo que hizo la mayoría de los que hoy forman parte de las ferias rosarinas. Por eso trasladamos una parte a la fiesta, el resto, sigue en el mismo lugar», expresó el funcionario.
Claro que también se pudo ver artesanía aborigen, y a los propios creadores de cestos de mimbre trabajando en el lugar. La gente se mostró muy interesada por las bombachas gauchas (a 15 pesos) y los ponchos (a 30 pesos).
Hubo quienes se tentaron con el aroma irresistible de las empanadas (a 60 centavos cada una), el locro (desde 1.50 la porción) y el asado a la estaca (7.50 pesos la porción). Y también estuvieron aquellos que optaron por una bebida, no por moderna menos telúrica: el fernet con cola (a 1.50 pesos).

