Y si observamos a la mente misma, ¿en donde está ella?: ¿sólo en la inteligencia humana?. SILO 1976

AUDIO | Pasemos ahora a cuestiones de mayor interés. Son las referentes a los problemas de la trascendencia y del sentimiento religioso

Y en lo que a nosotros toca, observamos que, de acuerdo a las condiciones que ponemos al trabajo de la mente, ella se expresa con sus mejores potencias, o limitadamente. Y ése  es nuestro problema. Y es el sufrimiento el que impide la más profunda expresión de la mente.


AUDIO: Silo durante la charla que se transcribe en esta nota

Pasemos ahora a cuestiones de mayor interés. Son las referentes a los problemas de la trascendencia y del sentimiento religioso.
Hay quienes creen que pueden probar la trascendencia por el hecho de que alguna persona murió por un instante y volvió a la vida relatando cosas extrañas. Eso, no prueba más que, al cesar las funciones vitales o al retomarse las funciones vitales, se producen desajustes o ajustes no muy diferentes a los cambios de nivel de conciencia, o en algunos casos, semejantes a los que operan en algunas circunstancias transferenciales cuando ocurren los fenómenos de la luz.
Otros, han visto su propio cuerpo a distancia al entrar o salir de una anestesia profunda. Y hay quienes también han padecido tal fenómeno, por ciertas prácticas forzadas o en momentos de una gran conmoción.
¿Desde dónde han visto a su cuerpo?. Desde afuera, dicen. ¿Y desde dónde han visto a lo que ve?. No desde el cuerpo, por cierto. Porque si hubieran visto desde el cuerpo a lo que ve, no hubieran sino padecido una proyección cenestésica o visual alucinada, tal lo que sucede en vigilia, por ejemplo.
Pero en cambio, como han visto al propio cuerpo desde afuera de él, han padecido más bien el mismo fenómeno que en los sueños, con la alteración del caso y referido a una situación real en principio. Tal por ejemplo, que el cuerpo estaba en una mesa de operaciones rodeado de médicos, y se veía y escuchaba esto, desde cierta distancia, como también se escuchan y se ven los fenómenos con registro inhabitual, al recuperarse alguien de un desmayo.
También existe un sentimiento religioso profundo en el ser humano; y de tal vigor que incluso se ha impuesto a los instintos básicos de conservación individual y de la especie. Y ese sentimiento se ha expresado de distintos modos y ha tomado diferentes objetos.
Pero tal tendencia y tal impulso no demuestran la existencia de Dios, sino que nos dan el registro simplemente, de tal sentimiento. 
No hay registro sobre la transcendencia. No hay registro sobre Dios. Tal vez todo sea trascendencia y todo sea Dios, y por eso, precisamente no hay registro. 
Por eso, si alguien nos dice que hay trascendencia y Dios, le diremos que eso está bien. Si alguien nos dice que no hay trascendencia ni Dios, le diremos que eso está bien.
En ambos casos diremos que está bien, no por vía de la prueba sino de la creencia. Tal es el estado de la cuestión y la actitud abierta de la mente.
Y si observamos a la mente misma, ¿en donde está ella?: ¿sólo en la inteligencia humana?.
 Si ello es así, ¿qué significado tiene su aparición entre las cosas naturales?. Y si la mente no solo está en la inteligencia humana ¿desde dónde surge y hasta dónde se extiende, adónde están los límites?. ¿Acaso en los individuos, que aparecen como delimitados, como separados entre sí?. Entonces, ¿cómo pueden, estos individuos, registrar a su mente?.
Sin duda que la mente es más interesante que la trascendencia y Dios. Y en lo que a nosotros toca, observamos que, de acuerdo a las condiciones que ponemos al trabajo de la mente, ella se expresa con sus mejores potencias, o limitadamente. Y ése  es nuestro problema. Y es el sufrimiento el que impide la más profunda expresión de la mente.
No son las preguntas ni las respuestas, en torno a la cuestión de Dios y la trascendencia, las que solucionan el sufrimiento. Por ello estudiamos las tres vías del sufrimiento y estudiamos la raíz posesiva del sufrimiento. Porque allí está la solución.
Pero la raíz posesiva del sufrimiento no es fácil de estirpar, ya que en todo está la posesión. Y cuando esto se comprende se comienza a buscar la no posesión, posesivamente.
Y aquél que quiere no poseer, queda también encerrado en el círculo de su sufrimiento. Y aquél que quiere no sufrir, sufre por esto mismo.
Nosotros estudiamos las tres vías del sufrimiento y su raíz posesiva, pero no tratamos de no poseer, porque esto produce sufrimiento. Tratamos de comprender y de generar una nueva actitud en base a registros de unidad o contradicción interna, y no en base a registros de posesión o de no posesión.
Por ello, nosotros estudiamos las tres vías del sufrimiento y su raíz posesiva y generamos una nueva actitud liberadora cuando al hacer obtenemos registros de unidad interna.
¿Y cómo producimos tales registros?. ¿Acaso valorando los objetos de un modo especial?. Sin duda que no.
He aquí entonces sintetizada la doctrina acerca de la liberación de la mente.
Si alguien me pregunta qué es lo más importante, le diré: Debes comprender las tres vías del sufrimiento, que son la sensación, la memoria y la imaginación. Debes comprender además, la raíz posesiva del sufrimiento.
Y si me pregunta, qué debe hacer además de comprender, le diré:
Ir contra la evolución de las cosas es ir contra uno mismo.
Cuando fuerzas algo hacia un fin produces lo contrario.
No te opongas a una gran fuerza; retrocede hasta que aquella se debilite, entonces, avanza con resolución.
Las cosas están bien cuando marchan en conjunto, no aisladamente.
Si para ti están bien el día y la noche, el verano y el invierno, has superado las contradicciones.
Si persigues el placer, te encadenas al sufrimiento; pero en tanto no perjudiques tu salud, goza sin inhibición cuando la oportunidad se presente.
Si persigues un fin te encadenas: si todo lo que haces lo realizas como si fuera un fin en sí mismo, te liberas.
Harás desaparecer tus conflictos, cuando los entiendas en su última raíz, no cuando quieras resolverlos.
Cuando perjudicas a los demás, quedas encadenado, pero si no perjudicas a otros, puedes hacer cuanto quieras con libertad.
Cuando tratas a los demás como quieres que te traten, te liberas.
No importa en qué bando te hayan puesto los acontecimientos, lo que importa es que comprendas que tú no has elegido ningún bando.
Los actos contradictorios o unitivos se acumulan en ti, si repites tus actos de unidad interna, ya nada podrá detenerte.
Y ésta es entonces la doctrina y la propuesta precisa: estudia, investiga, medita y comprende progresivamente las tres vías del sufrimiento y su raíz posesiva, mientras vas generando en todo instante una nueva actitud de acuerdo a estos principios.
En este tiempo hemos estado estudiando y operando, en un nivel, las tres vías del sufrimiento y su raíz posesiva.
Pero queda en pie la propuesta de investigar, meditar y comprender progresivamente, mientras vamos generando, instante tras instante una nueva actitud liberadora de la mente.
Silo, extracto de una charla durante los estudios en Canarias, 1976.